Durante meses, Lucia trabajó en su estado físico y mental sin descanso con ayuda de varios profesionales contratados por Gregory en la ciudad de Sicilia. Al principio le costó mucho adaptarse a la casa y a la ciudad en general, lloraba a diario y se sentía muy sola, pues veía muy poco a Mariano, que se había convertido en un gran amigo, y Gregory desde el viaje, seguía siendo él, pero un poco más callado, lo que le atribuía al cansancio del trabajo, pues jamás se llegó a imaginar que tuviera tanto dinero y una empresa de vinos demandara tanto tiempo; aun así, siempre estaba al pendiente de ella, y la ayudaba en todo lo que pudiera. —Creo que deberíamos ir a comprarte algo de ropa, es obvio que has bajado mucho de peso, y esa ropa holgada no se te ve muy bien. —Le sugiere Gregory mientras

