Richard se recargó al marco de la puerta, se cruzó de brazos y miró a su esposo. —Voy a desgastarme si me miras así todos los días —murmuró él, viéndolo a través del espejo. Acomodando su cabello rubio. —¿Y cómo es qué te veo? —preguntó él, moviéndose, acercándose a Brooke y tomándolo por la cintura. —Como si quisieras devorarme —respondió, echando la cabeza a un lado para darle acceso a la piel de su cuello. Richard mordió ligeramente sobre su yugular, haciendo que el cuerpo del rubio se estremeciera y empujara las nalgas hacia su pelvis. —Lo he hecho esta mañana, sin embargo, nunca tengo suficiente —gruñó, mordiendo ligeramente la piel del hombre. Brooke dejó escapar una risita ahogada. Estaba seguro de que, si le diera un solo minuto de duda, Richard le haría el amor allí mismo,
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