Brooke pasó saliva por su seca garganta, pero resistió el deseo de apartarse de las caricias de Richard. No debía olvidar quién era el hombre que lo sostenía ahora y la manera tan dulce y tierna que lo hacía. ¡Era Richard! —Gírate —le pidió cuando dejó de besarlo, mirándolo fijamente, leyéndole el alma en una sola mirada. Brooke hizo lo que le pidió y con lentitud se giró para quedar de espaldas a él, su cuerpo tembló cuando Richard se pegó a su espalda y sus manos subieron a los botones de su camisa. Sintió que le susurraba al oído cosas que no entendió, su atención estaba fija en los dedos que magistralmente quitaron cada uno de sus botones y abrieron su camisa para acariciar la piel de su pecho. Un suspiro abandonó la garganta de Brooke, cerró los ojos por un breve momento en el que

