Sus ojos azules pareciendo reflectores, su cabello largo peinado hacia arriba como todo un galán, tenía una camisa negra arremangada en los codos, su pantalón y sus zapatos completamente elegantes. Adonis Deluca, estás para comerte sin aderezos. Y era mucho decir, amaba el aderezo. —Iba a guiarte en tu primer día pero... —miró por un instante mi sostén de brillantes que hacía resaltar mi busto antes de volver a mirar mi cara— ya veo que te las arreglas muy bien sola. Tuve que recuperar por un instante el aliento, ¿pero qué carajos pasaba conmigo? Las muchachas a nuestro alrededor caminaban de un lado a otro rápidamente, parecían temer mirar a Adonis, posiblemente como había mencionado Adams, Adonis tenía un carácter insufrible que todavía no había visto. —Sí, esta mañana aprendí incl

