- Oye Alexander ¿Te ha parecido oír mi nombre? Me ha parecido cómo que alguien me llamaba y te juro que parecía la voz de mi madre... - Si si a mi también me ha parecido que me llamaba mi madre pero no puede ser por aquí no están y el hotel queda lejos de este barrio. Será que estamos algo cansados ya y estamos delirando. Caminaban maravillados por las calles. Nunca habían visto esos comercios con esas decoraciones, esos cristales adornados, había flores por todos sitios, mucho color... era un lugar mágico que no tenía nada que ver con la tristeza y el color gris del resto de la ciudad. Allí se respiraba alegría y felicidad. - Mira allá Ernesto, le señaló con la mano el Príncipe. Ernesto miró sorprendido. - ¡Oh! ¡Qué bonito! ¡Vamos a acercarnos! El Príncipe le ofreció la mano y Erne

