Al terminar su última clase, Lily se dirigió a regañadientes hasta el despacho de la profesora McLean (Thyen la había ayudado a llegar). Tocó la puerta dos veces, hasta que la propia maestra le abrió. La mujer, de largos cabellos color cobre y rostro curtido por las batallas en las que había luchado, la miró con una sonrisa sutil, no era amable, sino cordial. —Llegas diez minutos tarde, Lilith —puntualizó firmemente, abriendo más la puerta para dejarla pasar. Dentro del despacho ya se encontraba Roderik Malheur, el insufrible rubio platinado. Lily lo miró con asco antes de adentrarse al despacho y sentarse en la única silla libre, a un lado de él. McLean procedió a cerrar la puerta y volvió hasta su escritorio, sentándose. Entrelazó sus manos toscamente, al tiempo que posaba su mira

