—... tú eres más que un amigo para mí. Su mirada se iluminó con una esperanza palpable, y en esos ojos me di cuenta de que también había estado en conflicto. La conexión que creía perdida empezó a resurgir con fuerza. Anam siempre había estado allí para apoyarme, pero al mismo tiempo, me había brindado una calma inexplicable, algo que no había querido reconocer. —Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó con una mezcla de miedo y expectación. —Podemos explorar esto, ver hacia dónde nos lleva —respondí, liberándome de los miedos que me habían frenado. Era hora de aceptar mis sentimientos, no solo por mí, sino también por Anam. La vida era demasiado corta para perder oportunidades. Mientras la luz dorada del sol se desvanecía en el horizonte, supe que habíamos dado un paso importante. Unir nuest

