Observaba el brillo tenue de las estrellas desde la ventana de mi habitación. Mi mente estaba en un torbellino de pensamientos y emociones; había superado una trampa que había sido diseñada meticulosamente para desestabilizar mi poder. -Estoy orgullosa de ti, Circe -dijo mi guardiana, Kalinda. -Has descubierto aquella trampa que idearon con sumo cuidado. Eres sin duda, la mejor hechicera de esta era. Eres digna de llamarte la elegida. Sin embargo, no podía ignorar la sombra que se cernía sobre mi corazón. -¿Sabías sobre eso? -me había preguntado también a mí misma, sintiendo el peso de la verdad en mis entrañas. Lo sabía, y lo sentía más que nunca. Su deber como guardiana la llevaba a obedecer a su madre, pero eso no hacía que fuera más fácil. -Lo siento mucho, no podía negarme a o

