Un silencio incómodo se hizo entre ambos, que Pat con habilidad cortó de cuajo. —¿Vas a seguir abierta mucho tiempo más? Digo... tu negocio— aclaró Patrick con una sonrisa que llegó a sus ojos haciendo lucir esas pequeñas arrugas alrededor que Morgana no podía dejar de mirar embelesada. —Mmm oh no... creo que ya voy a cerrar...— finalmente dijo la mujer mientras él observaba la curva de su labio carnoso que ella mordía nerviosamente en un gesto que, suponía, era imperceptible para Morgana. —Compré albahaca fresca, y algunas cosas más, pensaba hacer unas pastas, mi famosa receta de gnocchi de verduras al pesto... si tienes ganas podemos cenar juntos...—ofreció él. —Yo... no sé...no debería...—respondió ella insegura. —Podemos cenar como amigos... ya te dije que no me gusta comer solo,

