Vicky abrió la puerta con curiosidad. Del otro lado había un hombre vestido de manera informal, pero con ropa fina, un pantalón de vestir de perfecto calce y una camiseta polo con cuello. Tenía la piel apenas bronceada y era alto casi como Patrick e igual de musculoso. Tenía el cabello rapado oscuro estilo militar y unos ojos azules brillantes que la observaron desde arriba y se arrugaron alrededor por su incipiente sonrisa. —Hola mucho gusto, mi nombre es Peter Pekerman, ¿usted es la dueña de casa? —el tono de voz de Peter produjo que se erizara la piel de Vicky. Supuso que el hombre tendría por lo menos diez años más que ella, entre 33 y 35 años. Era muy atractivo y su tono de voz era como gastado por el whiskey, susurrante. Ella por aluna razón se sonrojó. Sin embargo, la sonrisa de

