Con un suspiro Morgana abrió la puerta de su casa. Había tenido un día más que pesado. El infeliz de Bobo se había regodeado al entregarle una orden del banco, iban a rematar su comercio si no cancelada la deuda de la hipoteca, MIERDA. Para empezar, él no debería haber estado allí… pero estaba, e interceptó la orden para dársela él. Como detestaba a ese maldito hombre, pensó la mujer. Le dolía la cabeza. Había hecho las cuentas una y mil veces, ya no podía hipotecar la casa de vuelta. No sabía cómo, pero Morgana parecía tener un talento para gastar dinero y generar deudas… pero para ser honestos no se arrepentía de haber ayudado a Vicky con sus gastos médicos ni los de Tory. El comisario, novio de su madre, no había podido ayudarla ya que cargaba con sus propias deudas, igual su madre,

