Patrick estaba soñando. Con su mujer misteriosa. Estaba pasando la mano por la piel cremosa de su nalga. La suavidad que sentía al tacto era como de la seda más fina, él estaba sobre ella y todavía no la había penetrado, se sentía como un fino vino al que estaba degustando sorbo a sorbo. Agachó su cabeza y besó con suavidad sus labios, primero pasando su lengua sobre ellos, y luego intensificó el beso. Jugueteó con su lengua en su boca mientras frotaba su glande con la entrada de su v****a. Con sus manos separó sus labios vaginales, la tocó con sus dedos y ella ya estaba lista así que con un solo impulso se adentró en el calor de su cuerpo con ese solo empujón, y comenzó las embestidas. Al principio lentas y hondas, hasta acelerar el ritmo. Y en un momento, cuando levantó la cabeza ya la

