Capítulo 2. El bello durmiente

871 Words
—Levántate bello durmiente, un día nuevo se asoma, los pájaros cantan…y si no te llevo a la casa, nuestros padres me matan… — murmuró un risueño Tony Falcone fresco como una lechuga. —Déjame dormir… me duele la cabeza…. — gruñó Patrick, aún muy aferrado al manojo de heno. Su hermano, director del casino de la familia, negó con la cabeza mientras sonreía… —Por si no te has dado cuenta estas abrazado muy cariñosamente a un lecho de paja hermanito… — murmuró uno de los Falcone más atractivos de todo el clan, quizá uno de los más carismáticos, aunque si había que ser honestos todos tenían lo suyo… Y casi todos estaban bien casados o en proceso de… claro que había excepciones, como el playboy de su hermano pelirrojo. Que, por el olor, evidentemente había estado con una mujer que lo había dejado allí solo. A Patrick Falcone, el único m*****o de la familia que ostentaba le raro privilegio de tener el cabello pelirrojo de una de sus antepasados, la cabeza parecía a punto de estallarle sin embargo algo de lo que dijo su hermano se filtró por sus oídos y con malestar abrió los ojos. Estaba recostado de costado y tal y como dijo Tony abrazaba con mucho cariño, la nada y la paja… Quizá fue ese hecho el que lo hizo incorporarse despacio. —CARAJO — gruñó y tanteó el suelo con su mano… el suelo vacío. Luego se pasó la mano por la frente, mientras su hermano, de camisa polo y pantalón de vestir lo miraba sonriente… Tony siempre vestía con estilo, estuviera en el campo o no…—. No es posible que luzcas tan bien luego de todo lo que tomamos…— le dijo con la voz pastosa y luego enfocó su mirada en él —. Yo había dejado a MI mujer aquí — dijo e hizo un gesto elocuente con la mano, lo cual produjo que la sonrisa de su hermano se ampliara. —¿“MI MUJER”? ¿y desde cuando el solterón preferido de la familia tiene mujer? ¿acaso ayer asistimos a la boda equivocada? — murmuró Tony y se rascó la barbilla —. Mmmm no creo, la última vez que chequeé vinimos todos a la boda de uno de los más pequeños retoños de nuestros padres, el buen Jamie… que por cierto tuvo una elección de novia interesante… mm y no me malinterpretes, no tenía nada contra su ex Barbara, pero era como que les faltaba chispa o algo… Patrick Falcone se irguió todo lo que le permitió su estatura más cercana al metro 90 que al metro 80, aparte últimamente estaba yendo al gimnasio a hacer levantamiento de pesas así que estaba más fornido que de costumbre… Otro hombre lo hubiera pensado dos veces antes de meterse con él, pero no Tony… ellos siempre habían estado juntos casi como si fueran gemelos, aunque no lo eran ya que se llevaban un año y meses… y quien los viera, tampoco hubiese asegurado que eran hermanos, pues uno era pelirrojo de risueños ojos verdes con pinta de leñador y el otro tenía el cabello de un color castaño claro, de ojos que cambiaban de color a gris, celeste o verde con el tiempo, como los de su madre. Tony era más estilizado y absolutamente todo el tiempo parecía sacado de una revista de modas. Ni un cabello fuera de lugar, ni la camisa torcida… ni una mancha, nada… La única vez en la que Patrick lo había visto fuera de su normal estado, fue hace tiempo, en ese entonces perseguía a una pequeña empleada suya de nombre Mía que lo tenía a mal traer, y que terminó convirtiéndose en su ¿feliz? esposa. —Grrrrr me estás dando más dolor de cabeza, con un demonio, ¿qué hiciste con la mujer? ¿acaso la espantaste??? — le dijo de manera acusatoria. Tony revoleó los ojos y miró hacia un costado. —Por pudor, ¿puedes al menos taparte? Tengo miedo de que me saques un ojo o algo con esa cosa… — dijo en modo elocuente en referencia a su entrepierna. —¡Vamos Tony! YO ESTABA CON UNA MUJER AQUÍ, una escultural, ya sabes de pechos generosos, cabello oscuro renegrido… y un culo que Dios mío…— respondió Patrick casi con tristeza y suspiró… evidentemente debería enfrentar el horrible hecho de que la mujer había desaparecido… lo único que había dejado tras ella era su olor, almizclado, unas marcas de arañazos que él podía sentir en sus hombros y nada más… Una desazón lo invadió. No tenía muchos recuerdos de la noche anterior, no podía recordar su cara o su voz, pero si su cuerpo por ejemplo, recordaba haberla recorrido de forma lujuriosa con sus manos, y con su boca también… pero aparte, el único recuerdo que le quedaba de la noche anterior aparte de ese, era la sensación extraña que lo había invadido cuando estuvo sobre ella y la había penetrado… era como una especie de felicidad… como si por fin hubiera encontrado su lugar en el mundo… NO sabría cómo explicarlo pero necesitaba encontrar a la mujer misteriosa de una forma u otra.
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