Pete se despertó con una sensación confortable y se dio cuenta de que no se trataba solo del hecho de que esa cama fuera cómoda sino de que se sentía, con un maldito demonio, aliviado… O sea, él amaba a Liz, pero lo enloquecía terriblemente y eso era la mayoría de las veces, especialmente últimamente. La realidad era que el último tiempo venían mal… hasta entonces él no le había sido infiel, esa era la verdad y no era para justificarse. La chica del bar… fue, un desliz, que se convirtió en algo más y se había salido completamente de sus manos… Con un suspiro se levantó y se sorprendió de no sentir la contractura habitual en su espalda. Con los ojos entrecerrados miró por la ventana, a pesar de que había cerrado las cortinas algo de luz se filtraba. Miró su muñeca, estaba allí el caro

