Capítulo Dos

1625 Words
PUNTO DE VISTA DE LILY. Mientras respiraba profundamente bajo la guía de mi lobo, el Alfa Theo se acercó a mí por sorpresa. Estaba tan concentrada en mi respiración que ni siquiera lo escuché. Agarró mi brazo bruscamente, tirando de mí hacia su lado. Me estremecí. —¡Deja de moverte! ––Siseó. —¿Qué estás haciendo? ––Pregunté. Me sentía tan desorientada que ni siquiera me detuve a considerar mis palabras o el tono irrespetuoso en el que las dije. El Alfa Theo entrecerró los ojos. La mano a su lado tembló como si quisiera golpearme. —Dado que no tienes padre aquí, es mi… deber llevarte por el pasillo y entregarte. Pero no malinterpretes esto, no siento ningún placer en tocarte. ¿Eh? ¿Por qué sonaba como si estuviera insinuando algo? —Querrás decir que no es placentero si no es para propinarme un castigo ––Respondí con seriedad. Aya, que estaba dando vueltas en mi cabeza, se detuvo en seco. Podía sentir el shock que emanaba de ella. Yo también estaba sorprendida. Nunca le había hablado así al Alfa, con tanta confianza. ¿De dónde había salido eso? Sin embargo, el Alfa parecía más sorprendido que ambos. Su rostro era cómico. Al menos hasta que sus ojos se volvieron negros y un gruñido bajo salió entre sus dientes. ––¡Mierda! ––pensé de inmediato. Antes de que el Alfa Theo pudiera golpearme, o peor aún, matarme en el acto, las puertas frente a nosotros comenzaron a abrirse… Dejó de agarrarme el brazo al instante y me estremecí al reanudarse el flujo de sangre. En su lugar, entrelazó su brazo con el mío, girándome hacia el pasillo. No tenía dama de honor, ni damas de honor. Aunque las hubiera querido, nadie hubiera aceptado. Cuando entramos al salón, me golpeó en la cara el olor más increíble. Era una mezcla de lavanda y chocolate, con un toque de un olor casi musgoso y a madera. Casi me hizo caer de espaldas, llenó el salón y me encontré buscando la fuente. Aya casi saltaba en mi cabeza, queriendo salir. —¡Compañero! ¡COMPAÑERO! ––Gritó emocionada. ––¿Qué? ¿Dónde? ––Pregunté. Lo vi entonces. Mis ojos se fijaron en el hombre más asombrosamente cautivador que había presenciado. Era más alto que el Alfa Theo, al menos 2 metros, un gigante y todo un músculo. Su esmoquin ajustado resaltaba sus músculos de una manera que me hizo agua la boca. Pude ver un atisbo de un tatuaje asomando por debajo del cuello de la camisa en su cuello. Ya estaba a menos de dos metros, lo suficientemente cerca como para ver que su cabello tenía ligeras ondas y era completamente n***o. Tenía una mandíbula cincelada, con barba de un día. Labios llenos debajo de una nariz recta y larga, y sus ojos, me miraban y me tenían cautiva. Eran de un cálido dorado miel con destellos marrones. Olvidé dónde estaba; la razón, el tiempo, el lugar. —¿Este es nuestro compañero? ––Pregunté a Aya. No podía creer que alguien tan… él fuera mi compañero. —¡Sí! ––Sentía cómo ella se conectaba con el lobo de nuestro compañero. Ronroneaba de alegría y felicidad. Un carraspeo ruidoso sonó a mi lado y, a regañadientes, aparté la mirada de mi compañero molesta. El Alfa Theo me miraba fijamente, aun con el brazo entrelazado al mío; solo entonces me di cuenta de que nos habíamos detenido. El salón entero zumbaba con susurros apagados, todos me miraban; me sonrojé ligeramente y miré hacia abajo. —Alfa Theo ––Su voz era profunda, ronca. Me estremeció la columna vertebral. ––Yo me encargaré de ella a partir de aquí. Mi cabeza se levantó. Espera… ¿Me estaba casando con él? ¿Mi compañero? ¿Con quién creías que te ibas a casar? ¡Es el único aquí además del anciano! ––Comentó mordazmente Aya. Sinceramente, ni siquiera había notado a nadie más, pero tenía razón. Solo el Anciano que bendeciría el matrimonio estaba junto al altar con mi compañero. Miré a su alrededor, ¿No tenía padrinos de boda? ¿Amigos? ¿Familia? —¿Qué esperas?! ¡Vete! ––Siseó el Alfa Theo. Soltó mi brazo con un empujón no tan sutil. Un gruñido emergió del pecho de mi compañero ante la acción, y levanté la vista a tiempo para ver cómo el rostro del Alfa Theo palidecía. Él inclinó la cabeza en disculpa y fue a sentarse junto a su Luna. Vi a Evelyn sentada junto a su madre, pero no entendía su expresión. Francamente, en cuanto me di cuenta de con quién me estaba casando, solo podía imaginar lo celosa que estaría Evelyn. Quiero decir, ¡este hombre era un Dios! Pero ella parecía… satisfecha. Tenía una pequeña sonrisa maliciosa en el rostro, con risas en sus ojos. Su expresión generaba ansiedad en mi estómago. —Ejem ––aclaró su garganta, centré rápidamente mi atención en el hombre frente a mí. Me miraba con furia ahora, con clara molestia en su rostro. —Me gustaría comenzar, ¿si estás dispuesta a prestar atención ahora? ––Gruñó. Sin esperar una respuesta, hizo una señal al anciano para que comenzara la ceremonia. —Damas y caballeros, es un honor estar hoy aquí en Luna de Nieve para bendecir la unión de estos dos hijos de la Diosa de la Luna. ¿Iniciamos? Miró a mi compañero. Él asintió una vez. El Anciano me miró con una sonrisa tierna, a la que respondí. —¿Lily…? ––Dudó por un segundo y me sonrojé profundamente. Tradicionalmente, él usaría mi nombre completo, pero como no tengo memoria de mi pasado, no sé mi apellido. Ni siquiera sé si tengo un segundo nombre. De reojo, vi a mi compañero alzar las cejas confundido. El Anciano carraspeó y comenzó de nuevo. —¿Aceptas tú, Lily de la manada de Luna de Nieve, este matrimonio y mi bendición de él? —Sí. —Respondí en voz baja. —¿Y aceptas y reconoces que, de ahora en adelante, ya no serás m*****o de la manada Luna de Nieve? —Sí. —Respondí con un poco más de entusiasmo. —Entonces, como Anciano del Consejo de Licántropos, te despojo de cualquier lazo con la manada de Luna de Nieve. ¿Alpha Theo? —El Anciano hizo un ademán a mi Alpha, quien se levantó. —Acepto. —Dijo él. Sentí un desgarramiento en mi pecho y jadeé. Todos en la sala, excepto el Anciano y mi prometido, jadeamos y llevaron sus manos al pecho al igual que yo. Perder a un m*****o de la manada era doloroso para todos, pero soporté el dolor con una sonrisa, sabiendo que ya no era oficialmente m*****o de esta horrible manada. Sentí una intensa ola de libertad al no estar atada a ellos nunca más. Cuando todos volvieron a estar en silencio, el Anciano se volvió hacia mi pareja. —¿Aceptas tú, Alpha Demitri Varlos, a Lily, antigua m*****o de la manada Luna de Nieve, como tu esposa y pareja, y, por lo tanto, Luna de la manada Luna de Sangre? —Mi respiración se detuvo. —¿Alpha? Varlos? ¿Cómo, el Alpha Varlos asesino a sangre fría? —Pregunté a Aya. —Supongo que sí. Pero su lobo… —No me importa su lobo, Aya. ¡No puedo aceptar esto! ¡Él es un ASESINO!—Estaba temblando mientras la realidad de mi situación empezaba a hundirse en mi. ¡Me estaban casando con el Alpha más cruel y despiadado de este lado del mundo! Y para empeorar las cosas, él era mi pareja. ¿Qué tipo de enfermo sentido del humor tenía la Diosa de la Luna? ¿No había sufrido suficiente? ¿Pensó qué me lanzaría al inmisericorde Alpha? —Acepto. Sentí el vínculo de pareja intensificarse. Apreté los dientes y mantuve mis ojos bajos, evitando el contacto visual con Alpha Varlos. —Lily, antigua m*****o de la manada Luna de Nieve, ¿aceptas a Alpha Demitri Varlos de la manada Luna de Sangre como tu esposo y pareja, aceptando así tu título como su Luna? —Yo... No lo hice. No quería irme con él. ¿Estas eran mis opciones entonces? Quedarme aquí y ser una esclava y ser golpeada, ir con el Alpha asesino, o convertirme en una loba solitaria y no tener a nadie. Las lágrimas llenaron mis ojos ante mi situación. —Por favor, no lo rechaces. —Susurró Aya. —Aya… no podemos aceptarlo. Él es... —¡Lo sé! —Me interrumpió. —Pero debes recordar que no serías la única perdiendo a una pareja.— Replicó con dureza. Cerré los ojos y suspiré en silencio. Cuando los abrí, miré a los ojos de mi Alpha. Él me estaba mirando con tanta furia que retrocedí. —Por favor…—Susurró Aya. —Lily? —El Anciano dio un paso adelante. Escuché una risita que reconocería en cualquier lugar detrás de mí. Ahora entiendo por qué Evelyn estaba tan satisfecha antes. Tomando una respiración profunda, aparté la mirada de Alpha Varlos y miré mis zapatos. —Acepto. —Susurré. El vínculo de pareja se intensificó nuevamente con mis palabras. Parpadeé para alejar las lágrimas no derramadas mientras sellaba mi destino. El Anciano se apartó, dándome una mirada breve que se acercaba a la compasión. —Es mi gran alegría pronunciarlos marido y mujer. Pueden besarse… —Eso no es necesario. —Alpha Varlos lo interrumpió. Se volvió hacia mí. —Ven. —Arrastrando los pies, me giré para seguir a mi nuevo esposo.
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