Capítulo Siete

1625 Words
PUNTO DE VISTA DE LILY. Un grito vergonzosamente fuerte salió de mis labios mientras giraba, mi mano asustada se aferraba a mi pecho. El hombre que estaba corriendo vueltas antes se paró delante de mí, sus manos levantadas en un gesto de disculpa. —¡Disculpa, disculpa! No quise asustarte. Solo me preguntaba si estabas bien. —¿Qué? —Jadeé. —Bueno… parecías un poco triste, tal vez. Y estabas aquí parada sola. Pensé que tal vez estabas perdida o algo así…—Se quedó callado. —Estaba hablando con Aya. —Exclamé. Sus cejas se fruncieron confundidas mientras miraba a mi alrededor. Probablemente, pensó que estaba loca. —Mi lobo. —Le aclaré. —Oh… —Sí. —Ahora él lucía avergonzado. Metió las manos en sus bolsillos y miró a su alrededor incómodo. Era bastante adorable, honestamente. De cerca, realmente no era tanto un hombre como un chico. Tal vez de mi edad o incluso más joven. Ciertamente, tenía el cuerpo de un hombre, pero su rostro conservaba su juventud, haciéndolo lucir lindo y tímido. Su cabello colgaba en sus ojos, que eran de un color azul claro. —Uh… eso es un nombre bonito. Aya, quiero decir —Dijo. —Gracias. —Soy Clint —Me ofreció su mano y nos estrechamos una sola vez. Su mano era cálida y suave. No era un guerrero, eso seguro. —Lily. —No te había visto por aquí antes, Lily. ¿Acabas de mudarte aquí? Moví mis pies un poco. —Sí. La semana pasada. —Respondí. —Genial. —Clint sonrió y de manera vacilante devolví el gesto. —Así que, eh… ¿Qué haces para divertirte por aquí? —Generalmente, paso el rato en la zona de juegos, o en la sala común. Cuando no estoy entrenando, de todos modos. —¿Eso es lo que estabas haciendo? —No realmente. Solo estaba corriendo un poco para liberar algo de estrés. —Oh —Hice una pausa. —¿Por qué… estás estresado? —Pregunté. —De los exámenes de guerrero. Son mañana. Espero aprobar y comenzar el entrenamiento de guerrero, para darle algo de qué presumir a mi papá. —Se pasó las manos por el cabello mientras hablaba. —¿Tu papá no presume de ti? —Bueno, a veces, pero principalmente guarda los derechos de presumir para mi hermano mayor. —Clint rodó los ojos tan fuerte que me sorprendió que no se quedarán pegados. Realmente no sabía cómo responder a eso, pero me encontré relajándome mientras hablábamos. —¿Puedo ayudarte a llegar a casa? —Preguntó de repente. —¿Eh? Oh, no gracias. Conozco bastante bien el camino. —Miré significativamente hacia la casa del grupo. —¿Vives aquí? Espera…—Sus ojos se abrieron. —¿Eres la nueva Luna que llegó la semana pasada? ¿Por qué me costaba tanto admitir que era la Luna de esta manada? Tal vez era solo difícil admitir que estaba emparejada con el Alfa de esta manada. —Sí, yo sería esa —Respondí bruscamente. Clint me miraba como si me hubiera crecido una segunda cabeza. —¿Qué? —Pregunté. —Nada. Solo… wow. Lo siento, quiero decir…—Se detuvo para tomar aire. —Solo… no te tomé por una Luna al principio. —Murmuró apresuradamente. Me reí a carcajadas ante su expresión. ¡Se veía tan… asustado! —Está bien Clint. No hace falta que parezca que estás a punto de ser arrojado a un calabozo. —Me reí. —No soy exactamente material de Luna, lo sé. Su rostro se suavizó. —Nah, no lo creo. Sí… mirándote ahora…— Dio un paso a la derecha, poniendo sus dedos en su barbilla como si estuviera pensando profundamente. —Sí, desde este ángulo, puedo decirlo totalmente. Eres definitivamente una Luna. —Para ya. —Me reí de nuevo. —Es un placer finalmente conocer a la nueva Luna de Luna de Sangre. —Clint hizo una reverencia exagerada. Rodé los ojos. —Técnicamente, aún no soy Luna. —Dije. Clint miró mi cuello y apartó la mirada de nuevo. —Bueno, ¿puedo escoltarte de regreso adentro, Luna Lily? —Me ofreció su brazo, lo que le valió otro rodar de ojos. —Supongo que sí. —Tomando su brazo, comenzamos a caminar de regreso a la entrada de la casa del grupo. De repente, sentí que me estaban observando. Mirando hacia atrás, me quedé congelada en el lugar. Dimitri estaba parado bajo un árbol no muy lejos, con los brazos cruzados y una expresión de piedra. ¿Cuánto tiempo había estado ahí? ¿Y cómo no lo había notado antes? Nuestras miradas se encontraron y un escalofrío recorrió mi cabeza hasta la planta de los pies. —¿Qué pasa? —Preguntó Clint. Siguiendo mi mirada, vio a Dimitri y palideció. Inmediatamente, soltó mi brazo y se alejó de mí. —Oh, mierda. —Susurró. Miré entre Clint y Dimitri, tomando una decisión. Una decisión que en realidad era jodidamente estúpida. Tomando la mano de Clint, le di la espalda a Dimitri y seguí caminando, arrastrando a Clint detrás de mí. —¿Estás loca? ¡Me gusta vivir, Lily! —Clint respiró. Encogí los hombros. —¿No se supone que puedo tener amigos, o si? —Le pregunté. —Bueno, sí, pero… —Pero nada. No has hecho nada malo. Fue lo suficientemente amable como para venir a hablar conmigo y ofrecerme mostrar el camino de regreso a la puerta principal. Eso no significa que vayas a recibir una sentencia de muerte. —¡Podría ser! —Chilló. La expresión en su rostro habría sido graciosa, si no creyera que estaba hablando en serio. Menudo compañero que tenía. Doblamos la esquina, fuera de la vista de Dimitri. Caminando directo hasta la puerta, me despedí de Clint y le deseé suerte en sus exámenes. Él miraba a su alrededor nerviosamente, como si esperara que mi pareja saliera de la nada y lo matara. Se alejó bastante rápido y solté un suspiro triste. Dirigiéndome a la casa, me dirigí a las escaleras, subiendo un escalón lento a la vez. Para cuando llegué al segundo piso, jadeaba por el aliento. —Siéntate por un minuto —me reprendió Aya. Ni siquiera tenía energías para discutir. Me dejé caer en el rellano entre los tramos de escaleras y apoyé mi cabeza en el pasamanos. Sonaba como un fumador empedernido. Tan atractivo. Al menos esto me dio unos minutos para reflexionar sobre mi comportamiento estúpido. Tal vez Clint tenía razón y yo estaba loca. No es que pensara que Dimitri se preocupaba por mí de alguna manera; había sido bastante obvio que no lo hacía. Pero acababa de faltarle al respeto descaradamente, no solo a mi Alfa, sino también a mi pareja y esposo. Sería un milagro si sobrevivía la noche después de lo que acabo de hacer. O tal vez descargaría su ira en Clint… ese pensamiento me hizo sentir extremadamente culpable. ¿Qué acabo de hacer? —Parece que estás a punto de vomitar. Por segunda vez hoy, grité a una voz desconocida. Excepto que esta vez no ofreció disculpas, solo una sonrisa divertida. —¿Quieres ayuda? ¿O tal vez un cubo? —preguntó. Estaba parado en el anteúltimo escalón, apoyado en la barandilla. Su cabello castaño ondulado complementaba sus ojos color chocolate y su piel de color chocolate con leche. Tenía un aire despreocupado, pero había algo más; Un aura de autoridad que lo rodeaba. Como Dimitri era el Alfa, supuse que este era su Beta o Gamma. —No, gracias —decliné. —Como quieras. Solo quedan cuarenta y dos escalones para llegar a tu piso. Buena suerte —Me dio una palmada en la espalda mientras pasaba. —¡Espera! —Pausó para mirarme. —¿Cuarenta y dos? —pregunté. Encogió los hombros. —Más o menos un par de escalones. Gruñí fuerte. —Aceptaré esa ayuda sí aún está en pie. Escuché una risita y luego me levantaron del suelo y me pusieron de pie. Agitando su mano dramáticamente, me hizo gesto de que fuera primero. Comenzamos a subir juntos la horrible escalada, él un escalón detrás de mí. —Dimitri debería instalar un ascensor —jadeé. —Eres la centésima persona en hacer esa sugerencia. Miré hacia atrás. —¿Beta o Gamma? —le pregunté. —Beta. Benjamin, Ben para abreviar. Pero nunca me llames Benji. —De acuerdo… un gusto conocerte Beta. Te detuviste de repente, casi tropezando con un escalón. Ben me agarró del codo, ayudándome a enderezarme. —¿En serio te sorprende que sepa quién eres? —preguntó. —No… No, supongo que no. Eres la primera persona que me habla como Luna hoy sin que yo tenga que decir quién soy. Me tomó desprevenida. Sonrió con suficiencia y continuamos subiendo en silencio. Cuando llegamos a mi piso, una vez más estaba sin aliento y maldiciendo cada escalón de esta casa. —Desde aquí puedo seguir sola. Gracias Bet— Ben. —Siempre a tu servicio, Luna. —Ben me saludó con un saludo militar antes de dar media vuelta y trotar por las escaleras. Literalmente, la forma en que se movía me recordaba a un caballo. —¡Puedes llamarme Lily! —le grité. —¿Lilith? —me respondió. —¡NO! Su risa llegó flotando hasta mí. Sacudiendo la cabeza, me dirigí por el pasillo hacia mi habitación. El olor de Dimitri era débil en el pasillo. Recordando mi conversación con Aya, dudé si debía esperarlo o no. Realmente necesitábamos hablar. Pero luego recordé mi truco con Clint y rápidamente hui hacia mi habitación en su lugar.
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