Capitulo 3.1

1140 Words
Jueves 28 de febrero  Tanba tiene fuerzas armadas aunque no sirva de mucho ya que sus leyes son anticuadas y las funciones de estos funcionarios son confusas y hasta inútiles, provocando que la religión sea quien imponga las leyes a diferencia de las ciudades vecinas, por lo que el despacho del gobernador permanece lleno de quejas y lo mantiene ocupado aunque él nunca resuelve nada. Las buenas costumbres pueden haber hecho de esta ciudad un buen lugar libre de crímenes y pecados, pero la verdad es que la violenta e injusta ley de las calles es la que se impone en muchos lugares. Además cada institución termina impartiendo orden a su manera como en el Instituto Hoare al que iba. Cuando huía del instituto, solía visitar a los niños a las afueras de aquel lugar casi todos los días, cuatro o cinco veces por semana en promedio. El instituto está ubicado a la periferia del muro de Ariza, por lo que solía recibir de golpe los fuertes rayos del sol tanto en su patio como a sus afueras. Muy cerca de allí, a aproximadamente unos 100 metros, cruzaba el río Mizú y a sus orillas jugaban los niños que solía visitar.    Descubrí sus rutinas desde el inicio del año escolar en enero, cuándo interrumpían el silencioso ambiente de alguna clase teórica o cuando realizaba algún ensayo en la biblioteca, sus risillas invadían las aulas causando eco y de pronto desaparecían cuando se retiraban a jugar algunos kilómetros más lejos cauce abajo buscando la sombra de algunos árboles.   Pero sus risas quedaban retumbando toda la jornada en mi cabeza desconcentrando mide las cátedras que daban los maestros. La primera vez que pude verlos al fin y darme cuenta que sus voces no eran una alucinación colectiva, fue cuando los ayudantes de mi padre tardaron más de 10 minutos en llegar por mí y entonces los vi cruzar algunos metros lejos de los muros de la aburrida institución. Yo estaba parada en la puerta afuera de la construcción pero no debía moverme de allí si quería llegar a tiempo a mi clase de danza.   Inmóvil veía a los pequeños correr, reír y jugar como espíritus libres y no pude sentir más nostalgia al darme cuenta que estaba prefiriendo una clase de danza en lugar de aprender algunos movimientos más naturales allá con esos chicos. Desde entonces no salió de mi mente esa escena de correteos y él como me hizo sentir, prometiéndome a mí misma que regresaría y les haría muchas preguntas.    Pensé que pasaría más tiempo antes de lograrlo, pero mi deseo era tal que ejecuté mi primera fuga. Esa vez aproveche un cambio de clases para escabullirme hacia la salida y actuar como cualquier damisela que no pertenece a una institución para varones. A pesar de que me exigían usar cierta vestimenta de etiqueta como si fuera mi uniforme, lo único en mi ropa que me distinguía como estudiante era una de los suéters que era exactamente igual al de los varones; por lo demás usaba vestidos de colores similares al de los chico, pero no era algo que todos dentro del instituto identificaran precisamente como un uniforme.   Fue tan sencillo escapar como nunca volvió a serlo, caminé elegantemente después de solicitarle al portero que abriera la puerta para mí, salí del establecimiento y en cuanto sentí que la puerta volvió a cerrarse corrí incomoda con mis tacones y ropaje hasta donde creí haberlos visto la ocasión anterior con la decepción de no hallarlos. Recuerdo haberme inclinado cerca a la orilla del río ya a metros del instituto, pero sí cerca de la muralla de ladrillos color crema que separaba Ariza del campo de arroz (o más bien del río Mizú, el cual si le separa de los arrozales).    En todo caso, mi reflejo en el agua daba cuenta de una dama fina, de elegantes fachas pero delicadas facciones; concentrada en lo que veía, sentí que alguien me observa desde la muralla a mis espaldas, por lo que gire de manera brusca para identificar de qué se trataba pero diferente a lo que imaginaba (un adulto o un maestro en específico), desde un costado llegaron un montón de niños y niñas, cerca de 10, qué me rodearon haciendo una especie de coreografía, posicionándose con su amenazadora mirada y algunas improvisadas y rústicas armas. Yo estaba sentada de espaldas al río con mis manos apoyadas hacia atrás a un borde de la orilla y mis piernas estaban ligeramente flexionadas, teniendo las rodillas levantadas del suelo.   El sol golpeaba con violencia mis ojos hasta que sobre la muralla atravesó una figura que eclipsó ligeramente el sol y llamó la atención de los niños. Cuando todos se giraron en sentido contrario a mí, traté torpemente de pararme debido a la cantidad de elementos que traía encima, incluyendo mi maleta con mis útiles. ¡Claro que fue en vano! Mis torpes movimientos hicieron que los niños se alertaran, girando de nuevo hacia mí y disparando sus armas cuya munición eran frutas y bayas. Pronto me vi llena de colores y olores, semillas y pulpa de fruta que me incomodaban la visión más que el sol, pero de alguna manera refrescó mi rostro.    —Ya basta, tregua —les dije levantando mis manos demostrando mi intención de ir en paz, pero dejando mi cuerpo en desequilibrio a la orilla del río. Los niños corrieron rápido hacía mí, según yo para evitar mi caída pero uno de ellos gritó A ella y en cuestión de segundos dejaron de sostenerme simplemente para evitar mi caída y empezaron a atarme con cuerdas y arrastrarme por el suelo hasta llevarme debajo de un árbol.    Sinceramente sólo me reía aunque ahora no logro recordar si era por diversión o nerviosismo. Intentaba soltarme de mis captores pataleando y retorciendo mi cuerpo y brazos, pero a la vez sin querer hacerle daño a los infantes que desde un principio habían tenido el control de la situación.    — ¿Qué es lo que desean? dije con voz bastante tranquila — Eso es lo que queremos saber sobre ustedes —dijo una niñita con una elocuencia que me dejó bastante sorprendida. —Solo quería darme un paseo por el río… — ¡Mentira! —gritaron varios de ellos al unísono, haciéndome creer que todo esto ya estaba planeado por ellos. —Hemos visto varias ocasiones en que observas nuestro espacio desde los muros de ese instituto y también un día observaste directamente nuestra reunión y eso no es algo normal.   Atada al tronco miré hacia a la copa del árbol por donde se colaban algunos rayos de sol y pensé que esa imagen era admirada por poca gente y en ese preciso instante, solo lo apreciaba yo. Entonces vi pasar por mi lado derecho algunas sombras rápidamente que inevitablemente me distrajeron de mis pensamientos.
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