Capitulo 4.3

1044 Words
Ocurrió el día viernes y cuando regresé el lunes pensé en no entrar al instituto, pero Olimpia se quedó vigilante hasta que entrara debido a que ya había recibido quejas sobre mi rendimiento. Subir las escaleras con miedo, no podía pensar en ninguna estrategia o excusa, caminaba entre todas las personas con la imposibilidad de pasar inadvertida y con la mala suerte de que aún hubieran personas que desconocían la razón por la cual estudiaba allí en una academia para señoritas. Y es que a veces yo misma me hacía esos cuestionamientos, aunque mi paso por la academia de señoritas no fue muy distante tenía experiencia en Hoare.   Andando con los hombros cerrados hacia delante, cómo intentando pasar inadvertida, ingrese a la clase con el corazón acelerado, me senté al fondo en la esquina derecha al lado del ventanal como en cada clase y en cuanto el docente ingreso mi corazón latía rápido a punto de darme un infarto y la temperatura de mi cuerpo aumentaba; la sudoración empezaba a aparecer tanto debajo de mi ropa como en el exterior, bajando gotas desde la raíz del cabello completamente recogido hacia mi frente mis cejas y mis sienes.   Enseguida todos levantaron sus pupitres haciendo un ruido al unísono al correr las sillas ligeramente hacia atrás debido al movimiento ejecutado. Lo veía todo en cámara lenta. Aunque amaba estar fuera de ese lugar soleado medir las consecuencias de romper las reglas, unas que me parecían injustas. No me parecía bien pagar un precio tan alto por mi libertad (y sigue sin parecerme)    El profesor solicitó que tomaran asiento esta vez ignorando que yo no había realizado el ritual. Se paró enfrente con una amplia sonrisa que yo no podía interpretar como algo bueno por más que lo intentaba. No recuerdo si realizó algún saludo o alguna introducción a la clase, simplemente recuerdo el sonido de la tiza al contacto con el pizarrón, subiendo, bajando y de manera horizontal escribiendo la palabra "evaluación"   Se escuchó en el aula un sonido de queja, desaprobación y miedo en las voces de todos los jóvenes, pero yo sabía que sin importar cómo me sintiera o qué pensara, sin importar los demás o yo misma, cuando el señor Bardock realizaba exámenes el aula se mantenía intención más de lo habitual debido a una única razón, debido al castigo que se obtiene cuando se da una mala respuesta. Hasta el momento yo solo había presenciado uno (cuando aún no se me había ocurrido escapar de las humillaciones del docente), en el que a pesar de haberme equivocado solo gané una borla debido a que era mujer y era obvio que lo haría mal.    En realidad nunca pone atención en clase lo cual le daba un más dificultad a la situación, pero el verdadero problema era que nunca nadie había dado una respuesta correcta al señor Bardock y siempre durante Las evaluaciones cada uno de nosotros obtendría al menos un golpe en las manos con el cinturón del profesor.    Aunque en aquella ocasión yo me habría salvado por la cantidad de dinero que represento para mi padre, para el docente, la escuela y la ciudad en general; el señor Bardock deseaba protegerme de la desdicha de la indisciplina y el vandalismo, y a mi padre al parecer le importaban poco los métodos, el pagaba para ver resultados en mí.    Lo que en verdad preocupaba mucho si la ciudadela mi integridad de mi imagen pura, la futura salvación de está presa sociedad, sin embargo esta sociedad tan conservadora no permitiría que su salvación viniera de un lado rebelde y liberal.    El señor Bardock había probado de a poco su límite para lastimarme y las condiciones nunca estuvieron a mi favor hasta el día en que logre huir, aunque para ese momento aún no sabía cómo elaborar estrategias y manejar aquel poder que tenía en mis manos, no solo el de huir sino también el que corría por mis venas.   "Señorita Bisset" fueron las palabras del docente que sacaron a mi cerebro de todas las reflexiones que me encontraba haciendo y me devolvió la cruda realidad llena de terror que mi cuerpo solo afrontaba temblando y sudando. "¡Señorita Bisset! Le estoy hablando " y yo sabía pero intentaba ganar tiempo mientras miraba por la ventana como queriendo huir, aunque fue oír lo que en un principio me metió en este lío.   Me levanté haciendo el clásico sonido de la silla arrastrándose hacia atrás y no me dio ninguna palabra más. "Pase al frente" me dijo con una amplia sonrisa mientras mis jóvenes compañeros me seguían con la mirada cada uno sentado desde su puesto.    Una vez que estuve al frente el nombre me preguntó sobre algún personaje del pasado, algún tipo que habrá dicho alguna frase que no nos importa. No, no sabía la respuesta, no tenía los conocimientos, la imaginación y la energía para inventar una respuesta. Aunque por supuesto él me quería como payaso de clase un rato.   "Inténtelo, usted puede" me dijo extendiendo su grande (y en mi opinión) grotesca mano, ofreciéndome la tiza que aún no había querido recibir. La tomé con mis manos sudorosas y pensando en que ya me había ganado mi castigo, pensé en qué clase de frase podría escribir o que acto rebelde podría inventarme. No lo pensaba como algo simbólico, no le di importancia simplemente tenía deseo de vengarme de alguna manera de este ser que parecía ser superior a mí en fuerza física y en poder.   “La libertad no es un derecho sino una forma de lucha” Ni estaba muy segura de haber expresado lo que mi corazón sentía, a lo mejor y si me hubiera venido bien unas buenas clases de filosofía, pero sin importarme eso sonreí cuando puse el punto final en el tablero y le ofrecí su tiza de regreso sin mirarle a los ojos, con la vista puesta en el tablero dándole la espalda a mis compañeros.   El aula estaba en silencio, los jóvenes estaban a la espera de una indicación o alguna muestra de emoción por parte del profesor para saber que paso seguir. El señor Bardock se quedó en silencio con la vista seria aunque yo podía verlo levemente por un costado de mi vista.  
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