CAPÍTULO TRES La felicidad que llenaba el castillo de Manchester no se parecía en nada a la casa de Annalise. Atestiguar dicha alegría y tener que abandonarla, odiaba ese pensamiento, aunque se daba cuenta de que en menos de un día tendría que dejarla atrás. En el pasado nunca había envidiado a su hermanastra. Aunque ahora...añoraba lo que Estella tenía. El amor que compartía con su esposo era puro. Incluso lord y lady Manchester tenían algo especial entre ellos. “¿Qué la tiene tan sensible?”, preguntó Estella. “Nada”, dijo Annalise. “Al menos, no es algo que pueda cambiarse. Padre nunca permitirá que pueda quedarme más tiempo del que he pasado”. Puso una sonrisa en su rostro, esperando tranquilizar la preocupación de Estella. “¿Cuánto tiempo piensan pasar usted y lord Warwick en el cas

