CAPÍTULO UNO Londres, 1823 Nubes grises oscuras flotaban en el cielo, amenazando con desatar la lluvia sobre todos los que se atrevían a caminar por las calles de Londres. Lady Marian Lindsay los miró mientras se mordía el labio inferior. No era una buena señal, y esperaba que el mal presagio no condujera a una reunión desastrosa con Sir Anthony Davis. No es que la lluvia no fuera un lugar común en Inglaterra, porque ciertamente adornaba el país con regularidad; sin embargo, la suerte de Marian nunca se sostuvo cuando se dignó a caer del cielo. Entonces su reunión con Sir Anthony seguramente estaría condenada. No obstante, ella tenía toda la intención de seguir adelante con eso. Ella tenía planes, y sir Anthony se interponía en su camino. Sin su permiso, ella nunca se convertiría en par
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