Mía No podía creer mi obsesión con aquel escritor rubio y de finales tristes, pues de un momento a esta parte me sentía como una estúpida al esperar cualquier muestra de atención por su parte, como un simple mensaje o que volviera a aparecer en mi departamento de sorpresa, pero nada de eso había ocurrido en la última semana, y me mataba la ansiedad por saber de él. —¿Qué haces? —pregunta Melany al verme arreglar mi bolsa con algunas cosas necesarias—. ¿Por qué llevas una botella de vino?, ¿Dónde vas? —Uy, alguien amaneció algo preguntona, ¿no? —cuestiono divertida—. Estoy por salir… —Irás con Aiden —concluye al alzar una ceja y mirarme divertida. Asiento con la cabeza sin decir una sola palabra, pues todo podría ser utilizado en mi contra, y ella simplemente chilla como una adolesce

