Mía —¿En serio, Aiden? —Sí, hablo en serio, quiero que me lo firmes. —Ni en un millón de años creería en esa vacía disculpa, Aiden Davis… No voy a firmar mi libro, por lo que, me temo que has venido hasta aquí solo a perder el tiempo. —¡Quise disculparme! ¡Quise que lleváramos la fiesta en paz! pero, al parecer, eso es muy difícil para ti comportarte como una mujer adulta, ¿sabes qué, Mía de la Rosa? por mí puedes irte al carajo. Ya veo que tenía razón y no eres más que una niña rosa mimada. Sí, nuevamente aquel rubio y yo estábamos en el escrutinio público, pues a una de mis lectoras se le había ocurrido la genial idea de traerlo hasta mi casa y luego esconderse para escuchar y grabar lo que él tenía para decirme. Luego de ver una y otra vez aquella escena, pauso aquel video, por

