Capítulo II: Recuerdos

2681 Words
Cierta sensación de satisfacción recorre mi cuerpo como una serpiente, centímetro a centímetro, sólo han pasado unos pocos minutos desde que apuñalé a Roberto en el abdomen y luego lo corté en pedazos, lo envolví en plástico y por último lo incineré, por eso la sensación aún está tan fresca. Continuo conduciendo hasta llegar a casa y estacionarme en la cochera. Salgo de la cochera y me dirijo a entrar y me encuentro con la sorpresa de que mi novio, Harold, ha estado esperándome y está cocinando arroz y bistec para la cena. —No te esperaba aquí está noche—digo, tratando de sonar lo más neutra posible. —Quise darte una bonita sorpresa—Sonrió y sirvió los bistec—. Ya sólo falta el arroz. —Iré a bañarme. Subí hasta el segundo piso, y, luego de agarrar una toalla y seleccionar un pantalón y una blusa, junto con mi ropa interior, entré al baño, me desnudé y me coloqué bajo la ducha y abrí las llaves de agua. «Si no fuera porque tengo que mantener las apariencias, lucir lo más normal posible, no tendría novio, en especial uno con el que estoy tan comprometida como para dejarle copia de las llaves de mi casa, representa un riesgo en sí mismo.» El agua recorre mi cuerpo y da la impresión de poder purificar incluso mi oscura mente, aunque eso sea imposible; me relaja cada vez más, también disfruto recorriendo mi cuerpo con el jabón, estar aseada es una de las mejores cosas que puede ofrecer la vida. Cierro las llaves de la ducha, tomo la toalla y comienzo a secarme y luego a vestirme. Camino hasta el comedor, donde me está esperando Harold con la comida de ambos ya servida. Tomo asiento y le sonrío. . —Gracias, luce delicioso. —Buen provecho. La carne está suave y jugosa, a termino medio y el arroz suelto. Es una cena deliciosa, pero mi mente alberga un deseo distinto al de comer, el cual pronto ha de ser saciado Terminamos de comer en cuestión de quince minutos. —Yo friego-—digo. Mientras estoy fregando la ansiedad se acumula. Termino con rápidez y entonces abrazo por sorpresa desde atrás a Harold. —Creo que es hora de recompensarte por preparar una rica cena—Le susurro al oído izquierdo—. Bajo mi mano derecha lentamente hasta su entrepierna y acaricio por encima del pantalón. —¡Ah, me encanta cuando te pones así cariño, ojala supiera que despierta en ti tanto deseo, así lo usaría para que siempre estuvieras así!—Su voz sonaba extasiada por el placer que ahora le estaba dando con mis caricias. Sigo acariciando con suavidad hasta que noto que está realmente duro y entonces desabotono el pantalón y bajo el cierre, para luego bajar su boxer, liberando a la pequeña bestia que aún se está despertando; froto el tronco de arriba hacia abajo con la mano izquierda y con la derecha acaricio el glande, pronto está completamente erecto. Muerdo su oreja izquierda y la lamo. La verdad es que lo que despierta en mí un grado tan alto de deseo que no puedo contenerlo es el hecho de que cometí un asesinato hasta hace muy poco, parece mentira, pero el instinto asesino y el de reproducción están estrechamente entrelazados. a Harold y le hago voltearse hacia mí de forma brusca, entonces me arrodillo y comienzo a lamer, acariciar y chupar su largo y grueso pene, cuando trato de introducirme lo completo me llega más allá de la garganta y tengo que abrir completamente la boca para que pueda entrar. Muevo con destreza mi lengua tanto cuando está adentro de mi boca como cuando está afuera. Bajo lamiendo el tronco y llega hasta los testículos y y también los lamo y chupo uno de ellos mientras sigo atendiendo su pene con mis manos, todo esto mientras lo miro a los ojos fijamente. Mientras, mi v****a se ha humedeció mucho y está dilatada y contrayéndose; mis pezones se han endurecido. —¡Ah, voy a correrme!—dice mientras estoy chupando su pene, metiendolo y sacándolo de mi boca una y otra vez. Ya era tiempo, ya la quijada me duele de tanto tiempo que llevo dedicada a este oral. Eyacula dentro de mi boca y algunas gotas terminan salpicando sobre mi rostro, me trago todo y luego recojo esas gotas para también tragarlas. Lo tiro al suelo y pongo mi vulva sobre su boca. —Trabaja ahí con tus dedos y lengua mientras me encargo de que tu v***a vuelva a despertarse—. Se siente bien dominarlo de esta forma, tanto con mis acciones como con mis palabras. Harold tiene varias cualidades especiales para el sexo, una de ellas es su buen aguante natural para la eyaculación, ni siquiera tiene realmente estar “aguantando” eyacular, simplemente él no se va a correr en poco tiempo cuando tiene sexo, no importa el tipo de estimulo que esté recibiendo, otra de ellas era que por lo general no tardaba más de diez minutos en poder tener otra erección luego de eyacular y la otra era que podía eyacular hasta cinco veces en un día, por lo que se puede decir que con él la diversión nunca acaba, todo eso sin contar con su buena técnica, tanto para la penetración, como usando los dedos y la lengua. Empiezo a recibir sus primeros lametones y caricias en mi vulva y mientras ya ando estimulando su pene con mis manos. Comienzo a lamer y a mi mente viene el momento en que apuñalé a Roberto, la sensación de sostener el mango del cuchillo mientras perforaba su adbomen y el olor junto con el olor a sangre, me hizo excitar sexualmente mucho más. Cuando se trata de mí, el sexo y la muerte son amigos cercanos. Empiezo a notar un ligero aumento de tamaño y dureza en el pene de Harold. Paso otros dos minutos estimulando y entonces está complemente erecto. Entonces me coloco sobre su pene y me lo introduzco, inmediatamente comienzo a cabalgarlo. Harold me acompaña con su movimiento de pelvis y moviendo mi cuerpo con la fuerza de sus brazos. Mi mente se sumerge en el recuerdo de cuando estaba cortando los brazos, piernas y cabeza de Roberto y es entonces cuando me corro con mucha intensidad. —¡Ah, me encanta, maldito! Entonces Harold me toma y se coloca encima de mí y me folla con mucha fuerza, como si quisiera romperme. En momentos así es cuando dejo de ser la dominante y me convierto en su sumisa, lo que también me gusta. —¡Rompeme, rompeme maldito cabrón!—En este punto, para mí es como perder la razón en medio del placer. Harold me abofetea con fuerza, no tanto como para causarme daño, pero sí para voltear mi cara. Entonces saca su pene y me ordena que me ponga en cuatro patas, obedezco y comienza a penetrarme de nuevo, mucho más fuerte que antes. El recuerdo de envolver en plástico el cadáver de Roberto y echarlo al incinerador pasa fugazmente y entonces tengo un segundo orgasmo, en ese instante todo mi cuerpo se tensa. Me hace acostarme boca abajo y vuelve a penetrarme, está vez lo hace mucho más duro y yo ando teniendo un orgasmo por cada tres embestidas. Pasan otras tres horas y entonces eyacula en lo profundo de mí. —¡Eso ha estado increíble, amor!—Lo beso y no puedo evitar recordar el beso que le di a Roberto justo antes de matarlo—. Vamos a bañarnos. Ducharse junto a otra persona es algo que se me hace un poco extraño e incomodo, pero con Harold se ha hecho ya costumbre cuando acabamos de copular, además, cada uno enjabona la espalda del otro. Al terminar el baño nos acostamos a dormir, mañana es lunes y ambos tenemos que trabajar. Soy comunicadora social, trabajo en un programa televisivo de noticias, en cambio Harold es mecánico automotriz. Cada uno se marchó a su trabajo a tempranas horas de la mañana. Me siento en la silla frente a mi escritorio y a los pocos minutos llega mi jefe, James. —Un tal Roberto Martínez ha desaparecido y han encontrado su camioneta y en su interior hay muchas manchas de sangre, por lo que se presume que podría estar muerto. Quiero que redactes un buen artículo al respecto y debe estar listo para hoy—. Se rasca el bigote. —De acuerdo, jefe—respondo a la vez que sonrío. Me entrega una carpeta con información detallada acerca de Roberto. «Yo me encargué de que llegaras a la tumba, te escogí por tu aspecto tan similar al de la persona responsable de convertirme en esto que soy y ahora yo misma debo escribir el artículo acerca de tu desaparición y posible muerte, que ironías tiene a veces la vida. Supongo que debí prever esto cuando decidí por esta vez hacer mi ciclo de asesinatos dentro de la ciudad en lugar de viajar para llevarlo a cabo.» Mientras escribía el artículo, me enteré de que Roberto estaba casado y que tenía dos hijos, además de que trabajaba como constructor. Alguien más debería sentir algún tipo de culpa por haber dejado a dos niños pequeños sin padre, pero la verdad es que no siento nada al respecto; además, él estaba en ese club esperando poder serle infiel a su esposa, de no ser por eso no habría sido mi victima, así que no es como si hubiera asesinado a un santo. Tardé una hora en tener el artículo listo, luego de eso fui al pequeño comedor de la oficina y puse a calentar la comida de mi almuerzo, junto con mi café, en el microondas. Me gustan los momentos como ahora, que puedo ir a este lugar mientras está solo y me siento en el sofa mientras se calienta la comida. Suena el microondas, anunciando que ha terminado de calentar la comida, al abrir la puerta del microondas me llega el delicioso olor del pollo y el arroz, así como del café; me siento en el sofá y coloco el plato y la taza en la mesa, agarro los cubiertos y me dispongo a comer. Cada bocado y ca sorbo me encantan. Mientras estoy comiendo, entra Enrique al comedor, él es de los compañeros de trabajo con quien mejor me las llevo. —Buen provecho—dice Enrique. —Gracias, Termino de comer y luego de guardar mi plato, taza y cubiertos en una bolsa que luego guardo en mi mochila, me quedo esperando a que Enrique termine de comer, quizá tiene algo interesante que decirme, además, tener amigos en el trabajo, al igual que tener pareja estable, forma parte de la cortina de humo con la que tengo que cubrirme. —La noticia que te asignaron será el centro de primera plana—dice Enrique. Acaba de terminar de comer así que empieza a recoger el plato y los cubiertos—. Es probable que ese tal Roberto esté muerto, ese tipo de noticias siempre son las que llaman más la atención. —Tienes razón. El día pasó sin que ocurriera algo interesante en el trabajo; al salir decidí que era hora de elegir a mi siguiente presa. Fui en mi auto hasta un negocio de café y tras comprar un capuchino, me senté junto a una de las mesas y me puse con mi laptop a investigar acerca de algunos hombres en r************* . Cada uno era una presa potencial, pero sólo uno debía ser cazado. Cabello castaño, ojos café y al menos un metro ochenta de estatura, físicamente eran los requisitos mínimos, por otra parte, también debían aparentar ser buenos esposos y buenos padres. La sensación de la sed de sangre fue aumentando y recorriendo todo mi cuerpo a medida que los veía en fotografías y recopilada datos acerca de su trabajo y los lugares que frecuentaban, para así poder cazarlos. Matar a mis presas es tan o más importante como el hecho de comer o de respirar. Hice una selección inicial de cuatro candidatos: Jhon, Eduardo, Alejandro y Eric. Ahora debo empezar a interactuar en persona con ellos antes decidir cual debe moir, aunque eso será a partir de mañana, por hoy he terminado y debo ir a casa. Me subí a mi camioneta y empecé a conducir rumbo a la casa. Al cabo de treinta minutos llego a mi destino. Entro a la casa, me siento en el sofá y uso el control remoto para encender el televisor y luego de explorar los canales me decido por el diez, donde están pasando la película de Entrevista Con El Vampiro, que se estrenó en el cine hace cinco años, es una de mis películas favoritas. Cuando la película está terminando, llega Harold a la casa. —Hola, cariño—dice él mientras sonríe. Me levanto del sofá y le doy un largo beso en la boca. —Cuéntame cómo te fue en el trabajo, mi vida—digo. —Me han estado presionando para que entregue pronto los diseños de los nuevos proyectos, así que he estado muy estresado durante toda la jornada ¿Y cómo te fue a ti, cariño? —Escribí un artículo acerca de un sujeto desaparecido, probablemente asesinado. —¿Sí?¡Cómo fue eso? —Encontraron su vehículo con rastros de sangre, pero él en sí no aparece. —¿Y la sangre es de él? —Aún la policía no ha hecho el análisis de A.D.N para confirmarlo—. Aparto un mechón de mi vista un mechón de mi cabello rojizo. —Bueno, está bastante claro, hay tres opciones, o sigue vivo pero está secuestrado, o lo mataron, o es él que ha hecho algo como eso y ha salido huyendo, si la sangre resulta ser suya lo más probable es que haya sido asesinado. El resto del día pasó muy rápido y para cuando me di cuenta ya estábamos acostándonos. —¿Quieres hacerlo?—pregunté mientras sentía la humedad en mi entrepierna, estaba pensando en esos hombres, de los cuales uno se convertiría en mi presa y eso me excitaba. —Lo siento, cariño, estoy muy cansado, prometo compensarte mañana que es fin de semana—. Por desgracia para mí esa es su respuesta y no cambia su proceder incluso luego de que comienzo a masturbarme estando a su lado. Me dedico a darme placer acariciando mi clítoris y metiendo mis dedos en mi v****a por una hora, hasta que finalmente un total de siete orgasmos consecutivos me dejan satisfecha y sólo entonces es cuando me quedo tranquila y al poco rato me duermo. Mi mamá, mi papá, mi hermana y yo estábamos atados de manos y pies y ese sujeto, Simon, afilaba su cuchillo. —Este es un momento precioso—. Simon se lamió los labios. Se fue acercando lentamente hasta mi padre. —¡Por favor, no le haga daño a mi familia, haga lo que quiera conmigo, pero no toque a mi esposa y mis hijas!—Mi padre estaba desesperado. Poco después exhaló su último aliento mientras Simon lo apuñalaba una y otra vez. —¿Saben? Se me ha hecho interesante la petición de él, ha rogado de tal forma que en parte le cumpliré su deseo. Mi rostro se iluminó por un instante, pero se ensombrecería inmediatamente. —Así que dejaré vivir a una de ustedes tres, me preguntó cuál será—. Se echó a reír a carcajadas, una risa realmente eufórica que me llenó de terror. —Por favor, si sólo dejará vivir a una de nosotras, que sea a una de mis hijas. —Interesante respuesta, elegí entonces cual debe vivir, tu hija Alicia o tu hija Adriana. Pasaron dos minutos que para mí resultaron eternos. —A Adriana, deje vivir a Adriana, por favor. Me desperté agitada y sudando frío, había soñado con la noche en que aquel hombre me convirtió en esta cosa que soy ahora.
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