|Ksenia Hartmann| La tormenta se ha calmado. Solo unas cuantas gotas golpean el techo de madera, frágil pero resistente, que logró soportar el aguacero. Aun así, el frío es intenso. Oleg está detrás de mí, abrazándome en posición de cucharita. Su cuerpo y la manta me dan un poco de calor, y no puedo negar que dormir así con él se siente bien. Sin embargo, no he podido cerrar los ojos desde que terminamos la última ronda de sexo y él se quedó dormido. ¿La razón? Estoy llena de sentimientos encontrados. Hoy hablamos de nuestras vidas, recordamos el pasado, incluso sentí rabia al traerlo de nuevo a mi memoria. Pero, en el fondo, lo que predomina es el miedo. Oleg me ha demostrado de mil formas que le gusto, incluso me lo ha confesado sin rodeos. Y aunque quiero creerle, no me culpo por d

