Llevaba tres malditas noches haciendo lo mismo, tres malditas noches donde su cuerpo cedía a las órdenes de esa bestia de ojos penetrantes y labios apetecibles. Había probado varios cambios en la fórmula del algoritmo de la pesadilla y nada, cada vez que llegaba al momento de tenerla acorralada, ésta volvía a dominar su cuerpo como si fuera uno de esos androides que había visto en las películas. —¡Maldición!—mascullaba, entre dientes, aguantando eyacular en ese canal vaginal que se había transformado en algo así como su nueva adicción, por que vamos, seamos honestos, esto del “ensayo y error” ya había sobrepasado los límites del morbo y Fob deseaba a cada momento entrar y no solo a las pesadillas de Leona. En su cabeza no cabía que una simple mortal pudiera dominar al dios de las pesadi

