Zeus se paseaba nervioso por el gran salón del Olimpo, ese lugar donde se reunía junto a las altas esferas que manejaban los hilos del mundo mortal… Nunca entendería el porqué le había hecho caso a su pequeña y ahora… ahora estaba asustado de las consecuencias de esa reunión entre ella con el dios de las pesadillas. —¡Maldita sea! —masculló entre dientes, con unos deseos enormes de salir corriendo hasta donde se encontraban ellos, pero ella había sido clara. "Déjame hablar a solas con él, padre. Necesito hacerlo… Por favor." Y ahí había estado él, siendo el padre amoroso, comprensivo y consentidor que hacía todo por su pequeña. El mismo que había desatado guerras por una lágrima suya. El mismo que se sentía indestructible, y sin embargo, hoy… hoy temblaba por dentro. —Deja de hacer es

