—Yo no tengo nada que ver con todo esto —farfulló como cobarde el dios Sol, intentando escabullirse justo cuando Zeus había salido de la habitación. —Tú, te callas y respondes todo lo que nuestra niña quiere preguntar —dijo Afrodita reemplazando su tono dulce habitual por uno feroz. Su voz cortó el aire como un afiliado cuchillo. Firme, seca y sin lugar a réplicas. Apolo se quedó paralizado. Nunca la había escuchado así. Su hermana, la misma que antes irradiaba dulzura y ternura como una brisa cálida, se había transformado en una leona valiera la redundancia. Una madre herida, protectora, lista para destruir a quien se atreviera a tocar a su hija diosa. Y él era la bestia que había intentado eliminarla. Fob permanecía al lado de Leona, negándose a soltarla. Su cuerpo aún temblaba, como

