Bajo la delicada lluvia artificial de su olímpico baño, Fob se refregaba cada parte de su piel dorada como si quisiera sacar cada marca que le había provocado esa maldita mortal. Sus manos se movían con una mezcla de frustración y deseo, sus dedos deslizándose por su torso musculoso, como si intentaran borrar la evidencia de su tormento interior. —¿Cómo pudo hacerme esto? ¿En qué mierda fallé?—gruñía molesto y un poquito, solo un poquito excitado; es que esa mujer lo estaba volviendo loco y su m*****o se lo estaba haciendo ver. Su voz resonaba en el mármol pulido del baño, mientras sus ojos dorados se llenaban de una mezcla de rabia y fascinación al recordar a la bella rubia. Cuando se sintió limpio, al menos externamente, se colocó su bata de seda negra, que caía sobre su figura como u

