Leona, no pensaba, se había entregado a la maravillosa sensación que esa bestia le provocaba. Su cuerpo lo quería, pero ¡Ya! Así que se montó sobre él y comenzó a jugar con su v***a, la que había crecido y engrosado a niveles que ni él mismo Fob lo habría imaginado dentro de su puta existencia inmortal y la verdad era que la necesidad de penetrarla estaba por ganarle la batalla a la razón de estar allí, para empezar.
Con la poca cordura que le quedaba, intentó detenerla afianzando sus pezuñas en sus caderas, hasta que ella gimió, en una mezcla de dolor y placer...
Lo que ella sentía en ese momento era puro goce y juró que había tenido un orgasmo de solo sentir como su carne era atravesada por esas largas y filosas pezuñas de la bestia.
—Mmm—gimió cerrando sus ojos con sumo placer.
En su sueño/pesadilla, como por arte de magia (o de su sueño) apareció una cuerda que ágilmente sujetó los brazos y los pies de su nuevo juguete peludo. La bestia, intentó soltarse, sin tener éxito. En su mente trataba de volver a tener las riendas de la situación, pero la fuerza de Leona lo superaba y cuando menos lo esperaba, ella se sentó sobre su m*****o dejándose caer hasta tenerlo todo dentro de su v****a, dejándolo a él sin respiración.
—Agghhh… Esto era lo que necesitaba —rugió con una voz que no reconoció como la de ella, dejando que su v****a se acoplara a su nuevo juguete.
Fob, por su parte, la miraba perplejo, esto no estaba definitivamente en sus planes, no por lo menos de esa forma. Ahora la bestia se había transformado en la presa y la presa en la bestia, pensó irónico.
Leona, ajena a sus pensamientos, comenzó a cabalgarlo como si su vida dependiera de ello, literalmente, lo estaba violando. Fob intentó hablar y de la nada una mordaza se materializó en su boca, mientras ella saciaba sus deseos sin importarle nada. Era su sueño a fin de cuentas ¿no?
Pero ella quería más, subía y bajaba como una posesa, mientras le enterraba sus uñas en ese pecho delicioso que subía y bajaba intentando llevar aire a sus pulmones mientras él la miraba con una mezcla de deseo y horror...En eones lo habían usado como uno de esos juguetes de silicona, ¡Siempre era él quien se deleitaba con los cuerpos de otros! Pero ahí estaba, amarrado y amordazado, siendo usado como un falo de juguete sin sentimientos…
Los ojos de Leona estaban casi blancos por la excitación y su cuerpo vibraba cada vez que bajaba con fuerza sobre su juguetito, ya no contaba las veces que había acabado y aún quería más…
Por su parte, Fob estaba en una lucha interna entre el placer que esta mujer desquiciada le estaba dando y la responsabilidad que le había dado Zeus...Por su cabeza pasaban miles de formas para recuperar el control, pero ninguna daba resultado. Leona era tal y como lo decía su nombre, una verdadera bestia, solo que a diferencia de él estaba recubierta de esa piel cremosa que él quería tocar, pero que esas malditas amarras le impedían. Su v***a estaba dura como una roca y había sentido cada orgasmo que ella había tenido, pero él no podía terminar, era como si ella estuviera en su mente y le obligara a no eyacular y se sentía asqueado, quería acabar y lanzar todo su simiente en esa maldita v****a que lo estrujaba como si fuera una máquina para sacar leche.
“Mierda, no soy una vaca," se decía a sí mismo, sintiéndose ultrajado por esta mortal, que lo miraba como un trozo de carne que estaba disfrutando hasta el último centímetro.
Leona se levantó y de la nada lo dio vuelta, dejando ese precioso culo peludo a su merced, en su sueño/pesadilla se sentía poderosa y sin ningún prurito comenzó a besar las nalgas de su juguete, con sus manos las abrió para encontrarse con ese lindo agujerito que intentaba cerrarse por la intrusión, escupió sobre él y con su lengua comenzó a lamer y dilatarlo con uno de sus dedos y luego introdujo el segundo y al final el tercero. Para ese momento, Fob veía todo rojo, su v***a dolía como la mierda y su ano ya estaba más que dilatado, vamos que en más de alguna de las orgías con Eros y Dionisio había dejado que le hicieran un “cariñito”, pero jamás se había dejado penetrar.
¡Ni loco! Se decía internamente, rogando porque no se le ocurriera algo más a su violadora, pero ella lo estaba llevando al límite, con una mano masturbaba su v***a y con la otra lo follaba por detrás, mientras su boca se comía sus pelotas. Lo volvió a voltear y nuevamente lo montó, como la mejor jinete del apocalipsis y, sin sacar sus dedos su ano, siguió moviéndose, como una boa constrictora engullendo a su presa.
De un momento a otro y de la misma forma en que había aparecido, la mordaza desapareció y Leona tomó ese rostro horroroso y lo besó sin importarle nada.
Ese minuto de conexión fue todo y los cuerpos de ambos llegaron al éxtasis total, la v***a de Fob lanzaba chorro tras chorro de su leche en aquella cavidad que lo había ultrajado, hasta quedar seco, los ojos de Leona se cerraron y de la nada todo se esfumó.
Leona despertó de su maravilloso sueño/pesadilla y se encontró en su sofá con las manos en su v****a, al sacarlas un líquido blanquecino y pegajoso que chorreaba por su entrepierna la dejó un tanto dudosa, pero había sido un sueño, solo un sueño que la dejó demasiado satisfecha, así fue a su baño personal y se aseó, una vez lista, se colocó su bata y tomó su estetoscopio, el día no había sido tan malo como había pensado, pensó , y con una tremenda sonrisa satisfecha salió a hacer su guardia.
En cambio, Fob, se despertó en su habitación, en el palacio de sus padres, en el Olimpo, todo sudado y lleno de su semen sobre su cuerpo desnudo, sintiendo por primera vez en eones que había sido utilizado, miró su pecho y vio las marcas que le había dejado Leona.
—¡Mierda, la muy maldita me violó!