Camille observó cómo Amelie se marchaba, sintiendo una mezcla de alivio y satisfacción. Por fin había recuperado el control de su hogar y que, al menos por ahora, podría disfrutar de un poco de paz. Camille intentaba mantener una fachada tranquila y cordial, pero el vacío en su corazón era innegable. Las noches en París con Pierre, parecían un sueño lejano. Sin embargo, se aferraba a esos recuerdos como a un salvavidas, buscando en ellos la fuerza para seguir adelante. Mientras tanto, Pierre se sumergía en su trabajo, pero siempre encontraba tiempo para pensar en Camille. Estaba decidido a mantener la conexión viva. Esa mujer es el fuego que siempre deseo. Le gusta ser su amante perfecto, ese que ella necesita. Louis tocaba la puerta de la habitación de Camille, sofocado y visiblemente

