Al ver el sarcasmo en su mirada, como si acabara de sorprender a su esposa teniendo una aventura, Renata comprendió que Liam no confiaba en ella en absoluto. Por eso decidió no explicarse. Sabía que, dijera lo que dijera, él pensaría que solo estaba inventando excusas. Renata guardó silencio. Liam soltó una risa burlona. —Entonces, ¿tu silencio significa que lo admites? Hablaba como si aquella fotografía fuera una prueba irrefutable. Había dado por hecho que Renata estaba con otro hombre y que había sido ella quien traicionó su matrimonio. —Señor Lancaster... —Renata lo miró fijamente. Liam, consumido por la furia, jamás habría imaginado que aquella mujer que siempre había sido dócil y obediente algún día se atrevería a enfrentarlo. —Bueno... no todo el mundo es como tú. Si fuiste t

