Después de mirar fijamente a Renata durante un largo rato, Ava finalmente dijo: —Renata, ¿sabías que eres bastante atractiva? Puede que no seas la mujer más hermosa, pero tienes un encanto especial. Hay algo en ti que hipnotiza a la gente. Ava sonrió tanto que sus ojos se curvaron como dos lunas crecientes, dejando al descubierto sus adorables colmillos. Su dulce expresión enterneció a Renata. Aquello hizo que Renata decidiera bromear con ella. Le levantó suavemente la barbilla y, con un tono seductor, le preguntó: —¿Y por qué me dices eso? ¿Acaso estás interesada en mí? Ava se sorprendió. Renata no solía comportarse de una manera tan atrevida. Sin embargo, aquella inesperada forma de coquetear también le resultó divertida. Soltó una carcajada, y su risa disipó la tristeza que aún car

