Alissa sintió un escalofrío recorrerle la espalda, incapaz de distinguir si era provocado por la promesa implícita en las palabras de Nikola o por la amenaza oculta en ellas. —Nadie podrá lastimarte mientras seas mi esposa —añadió Nikola, su voz baja y cargada de advertencia, con un tono que parecía envolverla por completo—. Pero nunca olvides, Alissa… no traiciones mi confianza. La última frase quedó suspendida en el aire, como una sentencia inquebrantable. Alissa supo que esas palabras no eran meras formalidades, sino un pacto que no podría romper sin enfrentar consecuencias devastadoras. Su corazón comenzó a latir con fuerza, casi desbocado, pero no era solo su pulso el que sentía. Una conexión desconocida la unía a Nikola, una turbulencia que provenía de él y que la atravesaba

