Ethan. La puerta sonó, cuando Romina desapareció de mi habitación. ¿Que mierda había pasado? Con el ceño fruncido, baje mi mirada a mi polla endurecida como una roca, apuntando al techo. Mierda, me había puesto cachondo. Esa maldita mujer loca. Me había provocado una dolorosa erección, me beso la mejilla y se largo, triunfante. Apreté los ojos, me pase las manos por la cara. Esto era humillante. Yo, quien se llenaba la boca de decir que no era mi tipo. Me había dejo como puto adolescente. Solté un gruñido de desesperación, y proseguí a vestirme. ******* Mi teléfono se iluminó, mientras iba saliendo de mi habitación, Evan estaba llamando. —Que— solté de mal humor, no me la jalaría pensando en ella, me negaba. El dolor de huevos era fatal. —Dios, cuánto amor en tu voz, herman

