Caricia de lenguas

1854 Words
En el trayecto fue delicado, con su mano acariciando mi muslo de arriba abajo e incluso apretándolo varias veces. Iba rápido por la autopista, sin parecer querer impresionarme esta vez, sino simplemente llegar a nuestro destino. Acerqué su chaqueta a mí, mirando su mano, que me agarraba suavemente el muslo, un poco por debajo de la falda subida. Peligrosamente cerca de un moratón. Podía ver los picos azules y amarillos que no estaban del todo cubiertos. Y por un momento, cuando volví a mirar su mano, tan fuerte pero a la vez tan suave, lo vi. Vi su mano en mi muslo, tirando de mí hacia él de forma brutal. No vayas por ahí. Ahora no. Sus dedos se introdujeron un poco bajo mi muslo y me apretaron. —¿Estás bien?—. Todo se desvaneció y me sorprendió que algo tan simple pudiera excitarme. Sin embargo, eso parece ser todo lo que ha hecho hasta ahora. Me sonrojé, apreté los muslos y murmuré un pequeño: —Sí. —¿Estás segura, conejita?—. Su dedo se deslizó un poco más hacia abajo hasta rozar apenas mis bragas. Jadeé, agarrándole el brazo con una mano y la mano con la otra. —S-Sí—, exhalé, sintiendo cómo se acumulaba la humedad y esperando que él no pudiera sentir el calor. Él se rió entre dientes, apretándome el muslo por última vez antes de volver a subir y arreglarme la falda. Respiré hondo, cubriéndome la cara con la manga de su chaqueta para ocultar mi profundo rubor. No tardamos mucho en llegar a su casa; bueno, decir “casa” es quedarse corto. Era más bien una mansión. Y en cuanto me ayudó a salir del coche, sus labios se posaron sobre los míos. Sus manos recorrieron mis caderas y me empujaron para que caminara con él. Nuestros labios apenas se separaban, no pasaba ni un segundo sin que se tocaran. Incluso mientras abría la puerta, me abrazaba con fuerza con un brazo mientras la abría y me hacía entrar. Me condujo lentamente al interior, abrazándome con fuerza, pero sus manos se desplazaron de mi espalda a mi cintura, casi sujetándome por delante, lo cual era una posición extraña, pero no le di mucha importancia. No fue hasta que de repente me empujó hacia atrás, con fuerza. Grité, sintiendo unas manos que me rodeaban por detrás mientras miraba a Horacio completamente sorprendida. Pero una mano se deslizó por mi pecho hasta mi cuello, inclinando mi cabeza hacia atrás, donde una voz me susurró profundamente al oído. —Hola, cariño—, me susurró un hombre al oído y solté un suspiro de alivio al ver que Horacio no me había empujado hacia un hombre cualquiera. —T-Terry—, susurré sin aliento al sentir sus labios rozando mi cuello. —¿Crees que no noté lo caliente que estaba tu c0ñito en el coche, conejita?—. Podía oír la sonrisa en su voz, la risita que soltó mientras me acariciaba el muslo. No pude evitar retorcerme en los brazos de Terry, sintiendo cómo me apretaba más fuerte. —¿Lo quieres, nena?—, me preguntó Terry con voz ronca al oído mientras Horacio subía la mano por mi muslo. No pude evitarlo; cedí y asentí con la cabeza, derritiéndome en los brazos de Terry mientras Horacio se deslizaba hasta la línea de mis bragas, acariciándome suavemente sobre la fina tela. Terry me subió la falda para que pudiera ver la mano de Horacio mientras apartaba mis bragas, dejando al descubierto lo mojada que estaba por él. Mi cara se sonrojó hasta el punto de que me ardía, y no ayudó que Terry empezara a llenarme el cuello de besos, dejando nuevas marcas al chuparlos. —Llévala arriba—, dijo Horacio. Eso siempre me hacía vacilar por un momento. Tener relaciones con dos hombres. Terry me tiró sobre la cama y se abalanzó sobre mí en cuestión de segundos, colocándose encima de mí. Lo miré con los ojos muy abiertos, poniendo mis manos sobre su pecho y luego, vacilante, sobre sus hombros mientras él se inclinaba hacia mí. —Esto no es en absoluto como pensaba que sería esta noche. —Mi muñequita... te he echado de menos —me susurró al oído, besándome debajo de él y haciéndome estremecer. Podía sentir mi corazón latiendo más fuerte que un tambor, mis nervios a flor de piel. Pero mi interior era un desastre palpitante. —¿De verdad?—, pregunté tontamente, sonrojándome furiosamente mientras él besaba lentamente mi mandíbula. Él tarareó, deslizando su mano por mi cintura. —Por supuesto, nena—, se rió, lamiendo una pequeña línea por mi cuello y luego besándolo. —Extrañaba verte lucir tu trasero en el escenario... tus miradas provocadoras que nos lanzabas. El lugar parecía tan vacío sin ti—, sonrió, levantándome la barbilla y capturando mis labios. Terry me desabrochó la camisa de la falda y deslizó lentamente sus frías manos por debajo. Temblé al sentir sus dedos rozando mi estómago y arqueé la espalda. Él sonrió ante mi reacción, mi cuerpo curvándose contra el suyo. —Estoy deseando f0llarte, pequeña traviesa—, susurró. —N-No... no puedes—, reuní el valor para decir finalmente mientras su mano se acercaba cada vez más a mi pecho. —¿Eh? ¿Y por qué no, nena?—, sus manos se detuvieron. —Yo...— No podía decirle la verdad, que en ese momento estaba literalmente destrozada. —Es que no puedo—, dije en voz baja. Esperaba que se enfadara y me exigiera que me entregara a él, así que cuando extendió la mano, me aparté. —No pasa nada, gatita... hay muchas otras cosas que podemos hacer si te parece bien—, dijo. Enganchó el pulgar en la cintura de mi falda y tiró suavemente una vez para pedir mi permiso, y yo asentí. Me bajó la falda por las caderas y me la quitó de las piernas, dejándome en camiseta y ropa interior, y le di las gracias a Sera por decirme que me depilara esa noche. Él sonrió y me acarició el muslo con la mano antes de subir por mi camiseta. —S-sé delicado—, le susurré cuando se acercó a mis pechos, sin querer que rozara ninguna de las marcas. Levantó mi camiseta lentamente hasta que quedó por encima de mis pechos agitados. Sentí mi cuerpo enrojecido, humillada por cómo sus ojos recorrían mi cuerpo y se detenían en los vendajes. Me miró, pero no dijo nada, por el momento. Se dirigió a mi otro pecho y le dio un suave beso en el bulto, acariciando suavemente el p3zón con el pulgar, lo que me hizo arquear la espalda. Me estremecí. Sus manos ásperas recorrieron mi cuerpo con un toque suave, sus labios besando delicadamente un lugar tras otro, hasta que finalmente se posaron en mi p3zón, lo que me hizo soltar un pequeño gemido. Me llevó las piernas para que las envolviera alrededor de su cintura mientras chupaba, pasando su lengua una y otra vez. —J0der, tu cuerpo es tan...—, gimió. Mi cuerpo temblaba bajo su tacto, el ligero placer era suficiente para hacerme derrumbarme en sus brazos por cualquier motivo. Podía sentir cómo mis muslos estaban húmedos, mojando mi ropa interior. Me quitó la camiseta y las bragas, dejándome avergonzada debajo de él, ya que él estaba completamente vestido. Pero no tuve mucho tiempo para pensar en ello cuando cambió de postura y me hizo sentarme a horcajadas sobre él. —Cariño—, jadeé al verme encima de él, sintiendo cómo mis fluidos se derramaban sobre sus pantalones por lo ridículamente excitada que estaba. —Siéntate en mi cara. Dejé de respirar, dejé de moverme y me limité a mirar su cara sonriente. Sus ojos pasaban de los míos a mis t3tas y mi vientre, y sus manos recorrían mi cintura de arriba abajo. —Vamos, nena... déjame darte un poco de placer—, empujó mis caderas un poco hacia adelante y yo dudé. ¿No lo aplastaría? —Te asfixiaría—. Para mi vergüenza, él se echó a reír, cerrando los ojos con fuerza, y yo me sonrojé una vez más. —Mi gatita, soy un hombre. Y sé lo que puedo soportar. Ahora ven aquí—. Me mordí el labio, pero me acerqué lentamente a su cara hasta que finalmente me agarró por las caderas y colocó mi v4gina sobre su boca hambrienta. Jadeé cuando lamió mi húmedo centro, doblándome y pasando mis manos por su suave y oscuro cabello. —¡T-Terry!—, gemí, sintiendo su lengua caliente deslizarse por mis pliegues y tragar mis jugos como un animal que no ha comido en días. Mis muslos se cerraron alrededor de su cabeza mientras frotaba mis caderas contra él y sentía cómo sonreía ante mi necesidad. Sus manos agarraron mi cul0 para bajarme más sobre él, y yo estaba tan absorta en el placer que no oí cómo se abría la puerta. Una mano acarició lentamente mi espalda hasta llegar a mi cabello y tirar de mi cabeza hacia atrás. Jadeé, mirando hacia arriba a los suaves y dulces ojos plateados. Sus labios capturaron los míos en un beso profundo, su lengua entró directamente en mi boca, donde luchó por dominar en lugar de bailar con la mía. Me sujetó la mandíbula con dureza, clavándome los dedos en la piel, y yo gemí cuando me hizo algunos moretones. Afortunadamente, enseguida aflojó el agarre. Sus manos recorrieron mi mandíbula y me acariciaron la cara mientras su lengua se apoderaba de mi boca, devorando todos mis gemidos de la experta lengua de Terry. Mis piernas temblaban mientras el placer me invadía y mi cuerpo comenzaba a estremecerse. Hacía mucho tiempo que no sentía un placer así, y sin embargo solo eran los preliminares. —¡Ah!—, gemí cuando sus labios rodearon mi clít0ris y lo chuparon. Mis músculos abdominales se tensaron. Horacio tomó mi mano y la deslizó lentamente por su estómago para darme la oportunidad de alejarme, pero no lo hice. Me limité a mirarlo fijamente, hasta que aparté la mano y la llevé a su erecci0n, oculta en sus pantalones. La agarré suavemente, acariciándola lentamente y viendo cómo una sonrisa se dibujaba en sus labios. Él me acarició el pelo, observando cómo trabajaba mi mano hasta que empecé a desabrocharle el cinturón. Pero dudé. —Por favor, para. Cerré los ojos por un momento, tratando de concentrarme solo en el placer que estaba recibiendo, pero él seguía insistiendo. Todo se derrumbó cuando mi v4gina se apretó, sintiendo que se acercaba mi orgasmo y gimiendo por la intensa sensación. Terry me agarró el cul0 con más fuerza, bajando como un loco, mientras Horacio me obligaba a levantar la cabeza, rodeándome el cuello con una mano y besándome profundamente. Como un suave susurro que me decía que me calmara. Un beso tan simple, una caricia de su lengua, y me vi arrastrada al mundo de los hermanos.
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