Capítulo 6

955 Words
Veía un video en mi teléfono mientras almorzaba una asquerosa sopa de carne que sabía cómo si la hubiera escupido satanás, le faltaba sal, estaba espesa y algo fría, pero ya la había comprado y debía terminarla, no soporto tirar comida, me parece que eso no se debe hacer. Creo que de tantos golpes de mi madre por verme tirar su comida (la cocina no es el talento de mamá, por eso con los años optó por empleadas), dejé de hacerlo. Estaba en mi oficina, la comida la pedí a un restaurante y me la trajeron hasta mi oficina, eso me hizo muy feliz, pero la sonrisa en mi rostro se esfumó al probar esa sopa del demonio. Escuché la puerta de mi oficina abrirse y vi asomarse a un castaño sonriente. Estoy de mal genio, si se pone intenso, le aventaré la sopa encima. -¿Puedo pasar? –Preguntó y negué con la cabeza. –Por favor. -¿Para qué? Es tu hora de almuerzo, si ya acabaste aprovecha y duerme o haz algo productivo hasta las dos. -Quiero estar contigo… -Me miró suplicante y resoplé. -Está bien, entra, pero mantén la distancia o te obligaré a ver mis videos cantando en la escuela. Entró, cerró la puerta y se sentó frente a mí. -¿Por qué me castigarías poniéndome a verte cantar? No sería un castigo, quisiera verlos. -Dylan, créeme, no quieres. Acepto cuando soy malo en algo y en el canto, definitivamente no tengo talento. Es una tortura de ver. -Pero de igual forma te grabaste cantando. –Escuché su risa, parecía un animalito agonizando. -¿Por qué lo hiciste si sabías que cantabas mal? -Yo no me grabé, fue el idiota de Leo. Recuerdo que en mi tercer año me tocó cantar en frente de todos, una canción de Ricardo Montaner por una tonta apuesta. Una de las monjas me tuvo que quitar el micrófono, todos rieron. Creo que fue un buen día. Los videos los conserva Leo. -Yo jamás podría haber hecho algo así, soy muy tímido. -Tímido dices. –Resoplé y el me miró confundido. -Sí soy tímido… -Eres tímido para lo que te conviene. ¿Por qué me besaste en la mejilla el otro día? ¿No te dio miedo morirte? -¿Tan malo fue? –Preguntó cabizbajo. -Fue inapropiado. -Lo siento. –Me miró a los ojos y sonrió. –Pero no me arrepiento y no será la última vez que suceda. -Dylan, escúchame bien. Vuelvas a hacer algo así y te juro que te uso como bufanda. -Me encantaría ser tu bufanda. –Dijo entre risas y me resigné, en verdad a él nada le afecta. –Podría ser tu bufanda ahora. -A ti creo que te sobran varios cromosomas. -No, mira si puedo. –Rápidamente se puso de pie detrás de mí y sus brazos envolvieron mi cuello, abrazándome. Maldición, maldición, me quedé paralizado de los nervios, nunca alguien me había abrazado de esta forma antes. –Así te quito el frío. -No tengo frío. -Ensayo para cuando tengas. -Dylan… suéltame. -No escucho nada. –Dijo burlón, entre risas y sentí su respiración en mi cuello. Era muy extraño. -Dylan, de verdad suéltame, no quiero ser grosero contigo. -Eres cruel. –Se quejó, besó mi mejilla de nuevo y me puse de todos los colores, ¿por qué tienes que hacer estas cosas Dylan? –Pero así te quiero. -Ve a tu escritorio. -Frank, no llevo ni diez minutos aquí y ya me echas… -¿Cómo no te echaría si andas haciendo cosas que me perturban? -Está bien, me voy. –Me miró sonriente, había malicia en sus ojos. –Por ahora, pero volveré. –Me guiñó un ojo y lo fulminé con la mirada. -¡Dylan! -Es broma, no quiero hacerte enojar. Por cierto, olvidé algo que iba a entregarte. –Lo vi salir corriendo y regresó casi enseguida. Me entregó un dibujo hecho en cartulina, era una especie de hombre en un campo o algo así, era un dibujo bastante infantil y estaba mal pintado con colores similares a los que yo usaba en primaria. -¿Es un dibujo de tu hermanita? -¡No! Lo hice para ti, eres tú. –Estallé en risas y el me miró frustrado. Jamás pensé que haría algo así, eres más interesante de lo que pensé. -¿Y por qué tengo tres ojos? –Pregunté. -Oye. –Me quitó el dibujo y me señaló en medio de los ojos del muñeco. –Lo del medio es el lunar que tienes entre las cejas, no un tercer ojo. -Está bien, supongo que gracias… Lo conservaré. -¡Genial! Bueno, volveré a mi puesto para no estorbarte aquí. -Oye. –Miré la hora en mi teléfono. –Si quieres quédate otro rato, no me molestaré. -¿De verdad? –Preguntó y lo vi mirarme como lo hizo hace unos minutos. -¡Pero sin abrazos ni cosas perturbadoras! Al final tuvo que irse porque Gina lo llamó, tenía que ayudarla con unos papeles que no entendía, pero antes de irse me pidió algo. -Frank. -Dime. -¿Puedes hacerme hoy un favor al salir? Pedí permiso en mi clase de la universidad esta noche porque debo ir al médico, tengo cita a las 17:30 y tomaría un autobús pero tardaría más de una hora en llegar y salgo a las cinco de aquí. ¿Podrías llevarme? Bueno si no estás ocupado, ¿podrías? -Sí, está bien. -Te veo en un rato. –Dijo sonriente. Si hubiese sabido en ese momento que por decirle que sí a llevarlo, terminaría Dylan llorando, no habría accedido.
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