DOMINIC —Lo que es más, has avergonzado a esta familia tan a fondo que es un milagro que siquiera te deje conservar el apellido familiar, y ni hablar de todo lo demás que te he dado. ¡Mírate! Apenas mereces el techo sobre tu cabeza, y mucho menos mi nombre. ¿Me estás escuchando, Dominic? No voy a tolerar que mi heredero arruine mi reputación. El volumen es suficiente para hacer que el altavoz del teléfono crepité. Es como si estuviera en el auto conmigo; ni siquiera necesito que esté en altavoz para entenderlo. Y no necesito escucharlo para saber lo que está diciendo. Ya lo he oído todo antes. —Sí, trabajaste duro para eso, lo sé —suspiro en el teléfono. Error. Mi padre explota en mi oído, gritándome sobre respeto, vergüenza e imagen. La misma vieja lección de siempre, solo que a un ni

