DIANA Eran las ocho de la mañana cuando Bryan entró a la cocina. Diana había esperado no cruzárselo de camino a la salida. Las cosas estaban incómodas entre ellos. Su boda estaba a dos semanas de distancia y se sentía como si fueran simples compañeros de cuarto. Nunca habían hablado de lo que pasó entre ellos. —Pensé que trabajabas hoy —dijo ella. —Me lo tomé libre por el ultrasonido —le respondió. —Oh. Bueno, puedes ir a trabajar si quieres. —¿Me estás desconvidando? Ahora que Diana había sacado el deseo de su sistema, lo que quedaba era fastidio. Todo lo que Bryan hacía últimamente la irritaba. O quizá solo estaba herida, no sabía. Sí, habían tenido sexo antes, pero nunca así, nunca con tanta emoción. Cada vez que la escena volvía a su mente, las lágrimas amenazaban, pero ella las

