DEXTER Fanny se está riendo a carcajadas, lo que, por supuesto, me hace reír también, aunque entre mordiscos suelto un montón de maldiciones, hundiéndome en el agua hirviente. —No pensamos esto bien —resopla entre risas. —Claramente no. Deberíamos haber puesto los abrigos y las batas junto a la chimenea, haber usado malditas botas y luego meternos al agua. Ella se encoge de hombros y nada hacia mí. —Demasiado tarde. Pero si morimos aquí, probablemente estaremos demasiado borrachos para notarlo —toca la botella que puse en el borde—. ¿Viste que esto es de ciento doce grados, verdad? —Nunca reviso trivialidades tan estúpidas. Toma —arranco el corcho y se lo paso—. Primer trago. Niega con la cabeza. —Tú primero. —Ah, perdiendo toda tu valentía ya —llevo la botella a mis labios y, a pes

