SCOTT DRAVEN —Es un feriado. Se supone que debes estar con la familia —reitera mi padre. Le recuerdo: —Papá, sabes lo que está en juego. Tengo que renovar estos contratos. También hay una nueva adquisición que cerrar. —Pensé que querías ser el nuevo CEO —me desafía. Se me erizan los pelos del cuello. Con enojo le digo: —Déjame adivinar. No te vas a retirar otra vez. —No lo dije —declara. —Estoy harto de que me muevas la zanahoria frente a mí y luego la sostengas otros doce meses —admito. Se ríe. Es fuerte y me irrita aún más. Responde: —Bueno, supongo que tu paciencia está a punto de dar resultados. —Mentira —replico. —Cuida tu lenguaje. —Papá, no tengo tiempo para esto. ¿Qué más vas a usar sobre mí ahora? —pregunto, sin estar convencido de que realmente se retire. —No estoy

