ARLET Le sonrío a Taylor mientras me toma una foto con los bebés. Los tres. No puedo creerlo. ¡Acabo de dar a luz a trillizos! Y Darius está aquí, en la habitación, justo a mi lado. No sé en qué concentrarme primero: en su repentina aparición, en los tres angelitos en mis brazos o en la euforia que siento, como si fuera una superheroína. Respiro profundo y miro a Darius. Parece a punto de estallar de emoción, y no puedo evitar sentirme agradecida de que esté aquí. El sueño que me daba miedo siquiera decir en voz alta se ha vuelto realidad. Pero ¿y ahora qué? Taylor debe sentir la tensión en la habitación, porque aclara la garganta. —Voy por una taza de café. ¿Alguien quiere algo? —No, gracias —le respondo. Darius niega con la cabeza, con la mirada aún fija en mi rostro. Ella sale

