STELLA Eso puedo ignorarlo. Es cuando empieza a dejar besos que protesto. —Dominic, por favor. Estoy ocupada. —Yo también —murmura, besándome con más fuerza. Respiro hondo y cierro los ojos un segundo, estirando mi cuello para darle más acceso. Sus labios son tan suaves, y hace esa cosa en la que arrastra sus dientes sobre mi piel, dejando un rastro de escalofríos detrás. Cuando me toca, es como si nada más en el mundo importara. Supongo que ese es el punto. La laptop sigue mostrándome esa maldita línea parpadeante de falta de inspiración, y la mano de Dominic ya empezó a deslizarse por mi muslo. Sé que debería trabajar, pero mi excitación no es fácil de ignorar cuando él me toca, y la idea de besarnos durante la próxima hora —o tres— suena mucho más divertida que buscar empleados.

