DIANA Diana se había probado casi todos los vestidos de su clóset, y la odisea había convertido su cama en un completo desastre. No se molestó en arreglarla, decidiendo que sería una buena excusa para no llevar a nadie a casa. No es que no lo hubiera pensado; habían pasado meses desde la última vez que un hombre ocupó su cama, y Dios sabía que le hacía falta liberar tensión, pero quería una conexión real con alguien. Siempre le había costado no encariñarse con cualquiera con quien se acostaba casualmente. Miró el reloj de la pared y decidió quedarse con el vestido n***o que ya tenía puesto, pues ya iba tarde. Tomó los tacones negros que combinaban de camino a la salida y se puso unas sandalias para manejar. Un retorcimiento nauseabundo en el estómago la invadió quince minutos después,

