DOMINIC Dudo antes de acercarme, pero veo cómo sus hombros caen, toda la tensión que había cargado desde que regresamos se derrite poco a poco. Me cuesta contener las ganas de correr hacia ella, de estar cerca, de hacerla reír, pero tenemos que manejar esto con cuidado. No quiero que me aparte por completo. Y claramente no quiere hablar del tema. —¿Qué puedo hacer para ayudar? Ella se gira desde la estufa, donde había estado mirando su sartén, y me lanza una mirada de confusión mezclada con pánico. —¿Quieres cocinar? Me acerco hacia el refrigerador, más cerca pero sin invadir su espacio. —Sí, ¿por qué no? —Eh, ¿ya olvidaste lo que pasó la última vez? No puedo evitar sonreír un poco. Odiaría que hubiera dejado de desafiarme. —Eso fue suerte de principiante. Cruza los brazos, con

