MARIEH Miro el reloj y luego vuelvo la vista hacia mi teléfono. ¿Dónde está? Llegué aquí a las seis de la mañana, tal como Fabian pidió, pero ya casi es hora de la reunión y ni siquiera él ha llegado. Si tengo que hacer toda esta reunión sola, juro que voy a matarlo. Reviso mis notificaciones otra vez. Aún nada. No sé si estoy más enojada o preocupada. No es que quiera preocuparme por Fabian Adler, pero es muy raro que ni siquiera haya enviado un mensaje previo para decirme qué debo hacer en su ausencia. Los inversionistas están sentados en la sala de reuniones donde los dejé. Ya les di un breve recorrido por las instalaciones, una rápida descripción de lo que hacemos y les entregué a cada uno un documento encuadernado en anillas en el que trabajé toda la noche y pasé toda la mañana per

