SIDNEY Viajamos el resto del camino en silencio. Cuando llegamos a la calle donde está su panadería, estaciono a una cuadra de distancia y apago la camioneta. —¿Qué hacemos aquí? —pregunta. Saco una venda del guantera y contesto: —Necesito que te la pongas. Me lanza una mirada divertida y me advierte: —Scott, si esto es una de tus trampas… —Te dije que no estoy tratando de engañarte. Pero necesito que confíes en mí ahora mismo. Se queja: —Eso es más fácil decirlo que hacerlo. Me duele un poco en el corazón, pero no puedo culparla. —Lo entiendo. Te prometo que no es una trampa, pero necesito que te la pongas —insisto, extendiéndosela de nuevo. Suspira, toma la venda y se la coloca sobre los ojos. —Está bien, quédate ahí. Voy a dar la vuelta para sacarte —salto de la camioneta, la a

