SIDNEY Melanie se queja: —Es Nochevieja. No puedes pasarla sola. Ven. Suspiro. —Melanie, simplemente no tengo ánimo, ¿de acuerdo? Tú y Greg pásenla bien con los niños. —Vamos, Sidney. Solo ven —insiste por la centésima vez. —Está bien, ya cuelgo —respondo. Ella gruñe: —Eres insoportable. Me río. —Me amas. —Sí, lo hago. Mañana definitivamente nos vemos —murmura. —Está bien, suena bien. Hablamos luego. Que tengas un gran Año Nuevo —le digo. —Feliz Año Nuevo, Sidney —responde suavemente. Cuelgo el teléfono, me recuesto en el sofá y miro mi reloj. Son apenas las cinco de la tarde. He estado en casa todo el día, sin ánimo festivo. Ahora siento que las paredes se me vienen encima. Necesito salir de aquí. Me abrigó y decido salir a caminar. Apenas queda luz del día. Las farolas se enc

