SIDNEY –Es hora de levantarse –canta Melanie. Me doy la vuelta en la cama. He estado despierta por horas, fingiendo dormir. Mi estómago no deja de revolverse en un nudo nervioso de mariposas. Abro los ojos y digo: –Todavía es muy temprano. –Ya casi son las nueve, chica. Todos van a estar en la habitación pronto –me regaña. Gimo y me doy la vuelta, abriendo los ojos. Ella se sienta al borde de la cama. –Esa es mi chica. –Pareces que has estado ocupada. Señala un carrito pequeño en la habitación. –Aquí tienes tu desayuno. –Wow. ¿Cómo hiciste eso? –pregunto. ¿Cómo no la escuché? Porque estoy tan perdida en mis pensamientos. –Gracias –ofrezco. Me mira por un minuto y me estremezco por dentro. Es la mirada que me ha estado dando desde que llegó ayer. Pregunto: –¿Qué pasa ahora? –¿

