AXEL —No, Lilian, espera… —balbuceo, pero ya es demasiado tarde. El zumbido de una línea muerta llena el aire. Nadie más dice una palabra. Eso pudo haber salido mejor. —Bien hecho, señor —murmura Nicholas. Lo ignoro. No sé cuánto tiempo me quedo ahí, congelado. Escuchar su voz de nuevo ha traído de vuelta cientos de recuerdos que cuidadosamente enterré durante años. El olor de su perfume mezclándose con el sudor en su cuello. Los pequeños pliegues alrededor de sus ojos cuando sonríe. Su diente apenas chueco. Si fuera honesto conmigo mismo, no creo haber dejado de amar a Lilian nunca. Pero no puedo pensar así. Necesito ganármela, y tengo que hacerlo de manera clínica y profesional porque está claro que no me ha perdonado, y no creo que lo haga jamás. Tal vez merezca su enojo. Pero si

