MARIEH —No puedo creer que ese sea Fabian Adler —dice Katie, cruzándose de brazos. Entrecierra los ojos mientras observa a Fabian y a los niños, como si no pudiera creer lo que está viendo. Y con razón. He pasado casi todo mi tiempo trabajando para él quejándome de lo molesto, egoísta y arrogante que puede ser. Conociendo a Katie, me sorprende que no lo haya golpeado en el mismo segundo en que descubrió quién era. —Lo sé —digo—. Algo muy extraño ha estado pasando en los últimos días. —¿Extraño cómo? —pregunta Katie, entornando los ojos y mirándome con atención. Con ella, a veces es difícil recordar que en realidad yo soy la hermana mayor. Siempre ha sido así: perceptiva, aguda y absolutamente incapaz de soltar algo hasta llegar al fondo. —No lo sé —me encojo de hombros—. Cuando me pi

